Hasta hace poco, Rocío siempre andaba como si nada le importara, pero ahora llevaba varios días sin dejarse ver y casi no escribía en el grupo. Eso sí que estaba raro.
Rocío no era precisamente alguien capaz de quedarse tranquila por mucho tiempo.
A Eva también le parecía extraño, pero ya había intentado quedar con Rocío un par de veces y siempre la rechazaba.
La verdad, Eva tampoco tenía idea de qué estaba pasando.
—Cuando Rocío llegue, le pregunto qué onda —comentó Eva.
De pronto, Chiara recordó algo.
—Oye, ¿hoy viene Ulises?
Eva se quedó callada un par de segundos antes de contestar.
—Hoy también va a venir Sabrina a la fiesta. Le pedí a Ulises que mejor no se presentara. Al final, hay bronca entre ellos y no tiene sentido que haya más lío.
Chiara suspiró.
—Eva, tienes una paciencia que yo no tendría. Si fuera yo, ni de chiste podría estar tan tranquila. No olvides que la mamá de Sabrina fue la responsable de… ya sabes, de lo que le pasó a tu madre.
Por un momento, la expresión de Eva se apagó.
—Mi mamá murió en un accidente, Chiara. Puede que no tenga nada que ver con la mamá de Sabrina. Además, pase lo que pase, Sabrina no tiene la culpa. Mi papá y mis tres hermanos siempre han sido buenos conmigo. Uno tiene que ver hacia adelante; vivir anclada en el rencor no sirve de nada.
Chiara frunció el ceño, preocupada.
—Pero la última vez, cuando ese petrolero nos secuestró, ¿no te parece que Sabrina pudo haberle dado el pitazo? Como que la jugada fue muy rara.
Eva bajó la mirada y sus pestañas temblaron levemente.
—Eso ya me lo explicó mi papá, Chiara. No tenía nada que ver con Sabrina. El petrolero y el financiero se equivocaron de personas. No fue cosa de ella.
—Eva, de plano eres demasiado ingenua… —empezó a decir Chiara, pero Eva la interrumpió enseguida.
—Ya, Chiara, ya pasó. Además, ya es hora, tenemos que bajar. Por cierto, también invité a André. Va a venir.
El nombre de André hizo brillar los ojos de Chiara. Hasta ahora no había tenido oportunidad de acercarse a él. La fiesta de cumpleaños de Eva era la ocasión perfecta para conocerlo.
Mientras tanto, en el salón de la fiesta, Sabrina no era la protagonista, así que no tenía por qué llegar de última ni hacer una entrada espectacular.
No se arregló de manera exagerada ni intentó opacar a Eva; simplemente llevó un vestido sencillo.
Aun así, cuando Sabrina entró, todas las miradas se dirigieron hacia ella. No por nada, su belleza no tenía nada que envidiarle a la de Eva.
—Sabrina.
En ese momento, una figura alta, de porte elegante, comenzó a acercarse con paso seguro. El hombre tenía un atractivo difícil de ignorar, con una presencia serena y casi etérea.
Mientras avanzaba, muchas de las invitadas no podían dejar de mirarlo.
Sabrina, sin querer, recordó el encuentro que tuvo en el hospital con Chiara. Pensó que este tipo sí que era todo un imán para las mujeres.
Todavía no resolvía lo de Araceli y ahora ya había aparecido Chiara. Menos mal que el divorcio ya estaba hecho, porque si no, ese drama habría durado quién sabe cuánto.
Justo cuando Sabrina estaba perdida en sus pensamientos, Sebastián apareció detrás de ella y la jaló suavemente.
—Sabrina, cuidado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...