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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1097

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André arrugó un poco la frente, señal inequívoca de que estaba empezando a perder la paciencia.

Sabrina, tranquila, se preparó para apartar la mirada.

Pero, como si hubiera sentido algo, André volteó directo hacia ella, sin titubear.

En cuanto la vio, a sus ojos se les iluminó una chispa inesperada.

Sin dudarlo un segundo, dejó plantada a Chiara y se acercó a grandes pasos hacia donde estaba Sabrina.

Chiara, que hablaba animada, notó de pronto que André simplemente se marchaba sin siquiera despedirse.

La sonrisa se le congeló en el rostro.

Cuando giró la vista, vio a Sabrina parada no muy lejos.

En el fondo de sus ojos cruzó un destello cortante, casi como un relámpago de desprecio.

...

En una de las habitaciones del piso de arriba, Thiago sostenía el regalo que Jorge le había dado, sin poder ocultar lo mucho que le gustaba. Le dedicó a Jorge una sonrisa inocente, de esas que derriten a cualquiera.

—Gracias, señor Olivares. Este regalo me encantó.

Jorge le revolvió el cabello con cariño y, de paso, aprovechó para preguntar por Sabrina.

—¿Últimamente te has estado quedando en casa de los Ramos?

Thiago asintió con fuerza.

—Sí, mi abuelo me lleva a pasear por el rancho todos los días.

—¿Y tu mamá? ¿No te acompaña? —preguntó Jorge, fingiendo naturalidad.

—Cuando mi mamá tiene tiempo, baja y me cocina algo rico. Pero cuando anda ocupada, paso días sin verla.

En los ojos de Jorge se reflejó una sombra inquieta.

—¿Y Hache? ¿Él te acompaña o está con tu mamá?

—La mayoría del tiempo anda con mi mamá. El señor Sebastián dice que aquí no es como en nuestro país, que hay más gente peligrosa y por eso debe cuidar a mi mamá todo el tiempo.

Jorge, con habilidad, siguió sacando información sobre cómo era la relación entre Sabrina y Sebastián.

Cuanto más oía, más sentía que el enojo le hervía por dentro.

Thiago dudó un momento.

—Pero el señor Sebastián dijo que hoy vino demasiada gente a la fiesta y que no es muy seguro. Me pidió que mejor me quedara aquí en el cuarto. Cuando termine todo, mis papás van a venir por mí.

En la mirada de Jorge se encendió una chispa oscura.

Sebastián otra vez.

Seguro no quería que Thiago se acercara y así poder pasar más tiempo a solas con Sabrina.

Después de todo, si Thiago estaba con Sabrina, ella solo tendría ojos para su hijo.

O, peor aún, Sebastián podría llevarse a Thiago y alejarlo de la situación.

Pensando en eso, Jorge sonrió y soltó otra bomba.

—Me enteré de que Gabriel también trajo a su hijo, Romeo Castillo, y que va a quedarse por un buen tiempo. Justo tu mamá me contó que, cuando te vayas de Chile, también se llevarán a Romeo para que se quede allá un rato.

—Por cierto, Thiago, ya falta poco para que tú y tu papá se vayan de Chile, ¿no? En ese momento, aunque quieras ver a tu mamá, no va a ser tan fácil.

...

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