Jorge casi se rio de pura impotencia.
—Ahora resulta que si nosotros estamos cerca de Sabrina, somos una mala influencia para su reputación, pero tú sí puedes estar a su lado y eso está perfecto, ¿no? Señor Sebastián, ¿no cree que está siendo demasiado hipócrita?
Sebastián mantuvo la calma.
—Soy el guardaespaldas de Sabrina, mi trabajo es proteger su seguridad, así que es lógico que esté cerca de ella. Pero usted, señor Olivares...
Sebastián giró la mirada hacia Jorge, con una sonrisa cargada de segundas intenciones.
—Como amigo de señor Carvalho, parece que le preocupa más Sabrina que al propio exesposo.
André solo bajó la mirada, quizás meditando algo. La expresión de Jorge, en cambio, se volvió dura y tensa.
—Sabrina es la madre de Thiago. Por culpa de las trampas de Araceli, la juzgamos mal durante mucho tiempo. Estamos en deuda con ella, así que lo menos que podemos hacer es compensarla. Además...
Jorge miró a André, entrelazando los dedos, con cierto remordimiento en el rostro.
—La última vez, André me pidió que cuidara de Sabrina, y por mi descuido, ella terminó secuestrada. Nos conocemos desde hace años, me preocupo por ella, ¿y qué?
Jorge lo fulminó con la mirada.
—En todo caso, el que está cruzando la línea eres tú. Como guardaespaldas, deberías referirte a tu jefa como ‘señora’ o ‘señorita’, no llamarla por su nombre. ¿No crees que te estás pasando de confianzudo?
Sebastián se encogió de hombros y soltó una media sonrisa.
—Si tú puedes llamarla Sabrina, ¿por qué yo no? Eres el amigo del exmarido y no te molesta nombrarla de forma tan familiar, pero me criticas a mí. Señor Olivares, ¿no cree que su interés por la exesposa de su amigo es demasiado intenso?
Jorge abrió la boca, dispuesto a responder, pero se detuvo al notar que André lo observaba de reojo, pensativo.
Jorge se quedó quieto, con una ligera incomodidad reflejada en el rostro.
André habló con serenidad.
—Bueno, ya estuvo. Mejor vamos abajo a esperar a Sabrina.
Si André ya había dado la última palabra, Jorge no tenía cómo seguir la discusión.
—...Está bien.
...
En cuanto salieron del alcance de Sebastián, Jorge se apresuró a justificarse.
—André, no te dejes manipular por Sebastián, ese tipo no busca nada bueno.
El rostro de André no delataba ni enojo ni alegría, se mantenía impasible.
Sabrina asintió con una leve sonrisa.
—¿Crees que Ulises y Fidel vengan hoy?
Sebastián negó con la cabeza.
—Fidel no va a venir, sigue lastimado y no se va a recuperar tan rápido. Y si Ulises se atreve a aparecer, yo mismo lo saco a golpes.
Aunque Sebastián mantenía una sonrisa ligera, sus ojos tenían un brillo filoso, casi peligroso.
Ambos regresaron al salón de la fiesta.
Eva ya había llegado y estaba rodeada de gente que la felicitaba.
De repente, Sebastián murmuró cerca de Sabrina:
—El señor Carvalho sí que nunca pierde su toque, donde sea que va, siempre atrae admiradoras.
Sabrina alzó la mirada y notó a Chiara no muy lejos, parada junto a André, conversando amigable.
André, fiel a su costumbre, apenas le respondía con monosílabos y gestos cortos. No parecía interesado en la plática ni en ella.
Pero Chiara no se daba por vencida y seguía ahí, sonriendo como si nada le afectara la indiferencia de André.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...