Hasta que el sonido de la puerta abriéndose rompió el silencio.
Kevin, por puro instinto, volteó hacia la entrada.
Un hombre joven y apuesto entró despacio.
De complexión alta y elegante, cada rasgo de su cara parecía esculpido con esmero. Su porte desprendía una seguridad y clase que difícilmente uno asociaría con un simple guardaespaldas.
Kevin lo reconoció enseguida.
—¡Eres tú! ¡El consentido de Sabrina!
Los ojos oscuros de Sebastián se afilaron, y una sombra helada se extendió en su mirada, tan profunda como un pozo sin fondo. Una presión invisible llenó el ambiente, sofocante e imponente.
Kevin sintió cómo el miedo lo calaba hasta los huesos. Sin control, sus piernas comenzaron a temblar.
Trató de disimular el pánico con una voz desafiante:
—¿Tú… tú qué quieres?! ¿Quién te dio valor para secuestrarme? ¡Suéltame de inmediato!
—Te advierto que si me dejas ir ahora, todavía puedes salvarte. Si no… ¡te haré pedazos!
—Ah, y a esa tal Sabrina, tu jefa… ¿no que tienes algo con ella?
—¡Mira, la voy a secuestrar también! Así vas a ver cómo me la llevo a la cama… ¡ah!
Antes de que terminara su amenaza, Sebastián ya lo tenía bajo su bota.
El zapato de Sebastián aplastaba la cara de Kevin, y el sonido que hicieron su nariz y dientes al romperse erizó la piel de cualquiera.
Al ver la escena, la secretaria que apenas acababa de recuperar el sentido soltó un grito agudo, petrificada por el terror.
Sebastián levantó la mirada, y le echó una ojeada indiferente.
La mujer se puso pálida, se encogió en una esquina y se cubrió la boca para no hacer más ruido.
En ese momento, la puerta volvió a abrirse.
Un joven vestido de traje se acercó con respeto a Sebastián.
—Señor Fonseca, ¿qué quiere que hagamos con estos dos?
La voz de Sebastián era tranquila, casi sin emoción:
—Averigüen quién está detrás de todo esto.
Sus ojos destilaban sed de sangre.
Hasta que André sacó a la luz las pruebas que mostraban que Kevin se había reunido con Ulises.
—Sabrina esa noche fue drogada y la tuvieron que llevar inconsciente al hospital. ¿Cómo pudo ella planear el secuestro de Kevin?
—Kevin, ignorando la relación entre ambas familias, le puso algo en la bebida a Sabrina. ¿De verdad creen que lo hizo sin que nadie se lo ordenara?
—Después de que todo salió a la luz, Ulises, para que Kevin no lo delatara, decidió deshacerse de Kevin y de la secretaria que sabía demasiado.
La explicación de André era precisa y contundente.
—Si la familia Ramos hubiera querido venganza, no tendrían motivo para llevarse también a la secretaria. Al final, ella era la prueba viviente de que Kevin había intentado perjudicar a Sabrina.
Los Vargas se quedaron sin palabras.
Las pruebas que André puso sobre la mesa eran irrefutables: videos de las cámaras de seguridad donde Ulises y Kevin entraban juntos a un club, registros de llamadas, e incluso los favores y pagos que Ulises le había hecho llegar a Kevin.
Nadie podía creerse que entre Ulises y Kevin no hubiera relación.
Ahora, Kevin y la secretaria, las únicas personas que sabían toda la verdad, estaban desaparecidos: ni vivos ni muertos, nadie sabía nada de ellos.
Pero lo que sí estaba claro era que, más allá de quién diera las órdenes, quedaba comprobado que Kevin había intentado hacerle daño a Sabrina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...