André esbozó una sonrisa serena.
—Eso es lo normal, al final todos somos del mismo equipo. ¿A quién le des el proyecto, si no es a nosotros? Además, con el impulso de estas empresas de tecnología de punta, quizá Grupo Vargas pueda escalar y hacerse un nombre entre los grandes.
Sabrina alzó levemente las cejas, sorprendida. Siempre había considerado a André como alguien reservado y de pocas palabras, pero ahora se daba cuenta... también sabía cómo vender promesas.
Las palabras de André lograron que el enojo del señor Vargas se disipara poco a poco. Incluso cambió su expresión y le dedicó una sonrisa a Sabrina.
—Señorita Ibáñez, en un momento le pediré a mi asistente que prepare el borrador del documento de transferencia de acciones. De su lado, espero que también tengan el dinero listo. Nos vemos en tres días para firmar el contrato, ¿de acuerdo?
Sabrina asintió con una sonrisa.
—Trato hecho.
El señor Vargas no tardó en marcharse. Era consciente del impacto que podría tener la empresa tecnológica controlada por Sabrina en el mercado internacional. Si lograba establecer una relación con una compañía así, solo serían ventajas. Además, Sabrina estaba comprando las acciones a precio de mercado, así que no había forma de salir perdiendo.
Ya a solas, Sabrina frunció el entrecejo. Aunque Grupo Vargas no podía compararse con el Grupo Ramos, tenía el respaldo del gobierno de Chile, y comprar el veinte por ciento de sus acciones no era ninguna tontería. Sabrina controlaba muchos recursos, pero su capital líquido no era tanto como para cubrir esa suma sin pensarlo.
Vender sus acciones originales para reunir el dinero ni siquiera era una opción para ella.
Después de pensarlo un rato, decidió pedir ayuda a Estela y a Marcelo Blanco.
Estela, a pesar de haberse especializado en arte, también se dedicaba a invertir y especular en la bolsa. Era la hija de la familia Valdés, de modo que tenía dinero, conexiones y recursos. De hecho, ya se había convertido en toda una empresaria.
Al escuchar la situación, Estela aceptó sin dudarlo. Se puso a calcular cuántos fondos líquidos tenía a su nombre. La mayoría ya estaba invertida y no podía recuperarla en poco tiempo.
Con voz suave, Estela le dijo:
—Perdón, Sabrina. Yo, de mi parte, solo puedo juntar cinco millones. Pero puedo pedirle a mis papás y a mi hermano que me presten, así podría conseguir otros cinco millones más. En total, serían diez millones. ¿Te alcanza? Si necesitas más, busco la manera.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...