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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1122

Incluso Diego Cornejo se quedó perplejo, sin poder creer lo que acababa de escuchar. Miró a Ricardo con una mezcla de asombro y duda.

Sabrina, incrédula, preguntó con voz temblorosa:

—¿Dijiste… cuánto?

Ricardo, con paciencia, repitió:

—Cincuenta mil millones.

Sabrina insistió:

—Señor Olivera, ¿está seguro de que no es una broma?

—Si la señorita Ibáñez no lo cree, podemos firmar el contrato ahora mismo —respondió Ricardo, como si ofreciera comprar una bolsa de pan y no estuviera hablando de una fortuna.

Sabrina, aún atónita, volvió a preguntar:

—Además de pedir el diez por ciento de comisión, ¿su jefe tiene algún otro requisito?

Ricardo sonrió y negó con la cabeza.

—Ninguno.

Sabrina dudó un instante antes de volver a interrogarlo:

—Señor Olivera, ¿cómo se llama su jefe? ¿A qué grupo pertenece?

La mirada de Ricardo pasó fugazmente por Sebastián, sin delatar ninguna emoción.

—Puede llamarlo señor R —respondió con calma.

Sabrina frunció el ceño.

—¿Señor R?

—Así es —aclaró Ricardo—. Por varias razones, mi jefe prefiere mantener su identidad en reserva por ahora. Espero que pueda comprenderlo, señorita Ibáñez.

A Sabrina le pareció un chiste de mal gusto. ¿Cómo podía confiar en una inversión así si ni siquiera revelaban el nombre o el origen del inversionista? No estaba hablando de cinco mil pesos, sino de cincuenta mil millones. Por un momento, hasta pensó que tal vez Ulises y Fidel habían contratado a alguien para jugarle una mala pasada.

Como si hubiera adivinado lo que pensaba, Ricardo añadió:

—Puede estar tranquila, señorita Ibáñez. Esta inversión no tiene truco. Si quiere, puedo adelantarle la mitad como depósito.

Sabrina se mordió el labio, dudando.

Capítulo 1122 1

Capítulo 1122 2

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