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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1123

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—Las personas que tratan a los estafadores como si fueran tesoros... de verdad que es la primera vez que veo algo así.

—Sabrina, si al final te dejan en la ruina, no vengas a reclamarme como tu hermano, porque te lo advertí.

Sabrina frunció el ceño. Aunque ella también dudaba un poco de Ricardo, decirle eso en su cara, sin pruebas, le parecía de lo más grosero.

Se apresuró a disculparse con Ricardo.

—Señor Olivera, no se lo tome a mal, este tipo a veces dice tonterías, no le haga caso.

En cuanto Esteban la escuchó, se le subieron los colores.

—¿Así que ahora resulta que tu propio hermano es el que está mal de la cabeza?—reviró él, con la voz cargada de veneno—. Con esa falta de respeto, ¿quién más que un estafador querría invertir en ti? Ni como persona sirves, ¿y todavía sueñas con hacer negocios?

La mirada de Sabrina se volvió cada vez más cortante.

—Hablas con tanta seguridad de que él es un estafador... ¿o es que tienes pruebas? Si tienes pruebas, muéstralas aquí mismo y que todos las vean. Si no, lo que haces es difamar y andar inventando cosas. Antes de decir que no sé tratar a la gente, mejor arregla tus propios problemas.

Esteban se quedó mudo, incapaz de responder. Ricardo, desde un costado, le echó una mirada muy rara, como quien observa a alguien que se fugó del manicomio.

Ricardo no se quedó mucho tiempo más. Se despidió con calma.

—Señorita Ibáñez, entonces yo me retiro.

Sabrina le devolvió la cortesía, despidiéndose con una ligera sonrisa. Cuando Ricardo se fue, Sabrina ni siquiera volteó a ver a Esteban; simplemente se dirigió a las escaleras.

Pero Esteban se plantó frente a ella, impidiéndole el paso.

Los empresarios suelen usar el apalancamiento: invierten lo mínimo para sacar el máximo lucro posible. Mientras haya dinero en la cuenta, apartan lo necesario y el resto lo vuelven a invertir para que siga generando ganancias. La familia Ramos tenía ese dinero a la mano solo porque, justo en esos días, habían recibido los fondos de un proyecto importante. Todavía no empezaban la siguiente ronda de inversiones, así que estaban consolidando sus fondos.

Si no fuera por eso, ni la familia Ramos podría juntar tanto dinero tan rápido.

Y una cosa es tener el dinero, pero otra muy distinta es conseguirlo en solo tres días.

Por eso, el señor Vargas aceptó tan fácilmente la propuesta de Sabrina y programó la firma del contrato tres días después: quería ver si Sabrina tenía la capacidad de cumplir. Si ella no lograba juntar el dinero, la familia Vargas simplemente no vendería.

Pero si Sabrina lograba reunir esa suma en tan poco tiempo, eso demostraría que sí era de fiar, que tenía talento para los negocios. En ese caso, trabajar con ella sería una apuesta segura.

Además, las empresas de André y Gabriel ni de cerca tenían el tamaño de la familia Ramos. Para crecer más rápido, no iban a dejar ahí más de diez mil millones en efectivo. Si Sabrina lograba que le prestaran decenas de miles de millones, ya sería un riesgo enorme para ellos.

Esteban estaba seguro de que nadie sería tan ingenuo como para apostarlo todo por Sabrina.

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