—Por ahora, todavía no hay novedades —respondió Ricardo.
Los labios de Sebastián se curvaron apenas, mostrando una expresión de satisfacción.
Luego preguntó:
—¿Y qué hay sobre Rocío y Araceli?
—Tal como usted ordenó, ya le hicimos saber a Rocío que fue Araceli quien filtró las fotos —informó Ricardo—. En cuanto a Rocío...
Se detuvo un segundo, y continuó en voz baja:
—Parece que la estaban amenazando para que entregara secretos comerciales de la familia Hoyos, pero en el fondo... lo más probable es que le guarda rencor a Ulises y filtró la información a propósito. Ni siquiera se tomó la molestia de investigar la identidad de quien la estaba amenazando.
Respiró hondo y agregó:
—Por otro lado, Ulises tampoco es ningún ingenuo. Ya se dio cuenta de que Rocío le está robando información confidencial al Grupo Hoyos, incluso ha mandado a gente para vigilarla.
Los ojos de Sebastián se entrecerraron con atención.
—¿Tienes alguna pista sobre quién fue el que secuestró a Rocío?
—El culpable hizo todo con mucho cuidado, borró casi todas las huellas. No tenemos pruebas sólidas —admitió Ricardo.
Después de todo, estaban en Chile. Ni Sebastián tenía el poder suficiente para controlar todo a su antojo.
Además, lo de la filtración de Araceli apenas había salido a la luz después de la fiesta de Eva. Fue entonces cuando Sebastián le pidió a Ricardo que investigara, y recién entonces llegaron hasta Araceli.
—Entre quienes podrían haber secuestrado a Rocío, no hay tantos —reflexionó Sebastián—. Ni André ni Gabriel recurrirían a métodos tan bajos. El más probable es Jorge.
La mirada de Sebastián se volvió cortante, como una corriente de agua helada.
—Jorge subestima demasiado a Ulises. Si sigue así, tarde o temprano va a perderlo todo contra él.
Ricardo observó el perfil del hombre, cuyo semblante lucía apacible y ajeno. Por primera vez, sintió que el aura sombría de Sebastián se había atenuado bastante.
Al menos, ya no era tan impredecible como antes.
Si quinientos mil millones de pesos servían para estabilizar los ánimos de Sebastián, entonces valía la pena.
Ricardo echó un vistazo hacia la puerta y preguntó en voz baja:
—Señor, ¿no le parece raro que la señorita Ibáñez aceptara la inversión tan rápido? ¿No sospechará algo?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...