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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1140

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—Vaya, qué coincidencia —aventó Sebastián, sin entender del todo la situación.

Sabrina dejó de hablar. Solo se quedó mirando fijamente, sumida en sus pensamientos.

En ese momento, la voz de Sebastián rompió el silencio.

—Si Jorge es en verdad ese tal señor R, y ahora está en problemas, pues tampoco hay motivo para no echarle una mano.

Sabrina giró la cabeza para mirarlo de frente.

—¿Tú crees que Jorge sea el señor R?

—No lo sé —dijo Sebastián con calma—. Pero si ya le preguntaste tan directo y no te negó nada, pues básicamente lo está aceptando, ¿no crees? Si no fuera él, ¿por qué no se tomó la molestia de explicártelo?

Sebastián se encogió de hombros.

—Además, esos dos asistentes suyos hablaron muy claro. Si Jorge no fuera el señor R, ¿crees que vendrían a reclamarte? Ni siquiera has usado el dinero de Jorge.

Aunque Sebastián tenía lógica en sus palabras, Sabrina seguía sintiendo inquietud. No podía quitarse la duda de encima.

Quinientos mil millones de pesos no eran cualquier cosa. No era una cifra con la que uno pudiera equivocarse así como así.

Como si leyera sus pensamientos, Sebastián añadió:

—Mira, sea o no el señor R, Jorge sí te ha ayudado un montón. Para que sus asistentes y secretarias no vengan a reclamarte después creyéndose jueces, lo mejor es saldar esa deuda pronto.

—Además, si de verdad vas a entrar a trabajar a el Grupo Ramos, vas a tener mil cosas más en qué pensar. Y si el Grupo Olivares termina metido en problemas, ni tiempo tendrás de voltear a ayudarlo.

Sabrina meditó. Sebastián tenía razón.

Fuera Jorge el señor R o no, la realidad era que, por su culpa, ahora Jorge estaba en la mira de Ulises. No podía simplemente hacerse la desentendida.

—Yo ya tenía planeado vender el uno por ciento de las acciones originales para reunir fondos —dijo Sabrina—, pero los Ramos se atravesaron en mi camino y lo echaron a perder.

—Ellos podrán retrasarme unos días, pero no van a poder detenerme para siempre.

Sebastián negó despacio.

—Si el camino directo no se puede, tomemos un atajo. ¿No dijo Camilo que Esteban también está metido en esto? Hay que atacar por el lado de Esteban.

Con sus dedos largos y pálidos apoyados en el volante, Sebastián miró al frente, los ojos profundos llenos de sombras.

—Acabas de comprar el Grupo Vargas y te ganaste el respeto de muchos. Si después entras a trabajar a el Grupo Ramos con esas acciones originales, vas a tener muchos seguidores; suficiente para plantarles cara a los Ramos.

—Cuanto más poder tengas, más van a querer frenarte.

—Seguramente intenten hacerte tropezar en alguna decisión para que pierdas reputación y apoyo.

—Eres nueva en esto, ni Ulises ni Esteban te ven como una amenaza. Eso podemos usarlo a nuestro favor y darles un golpe inesperado.

—Mientras más se confíen, más fácil será para nosotros sorprenderlos.

—Quién quita y hasta podamos aprovechar una ganga —agregó Sebastián, esbozando una sonrisa traviesa.

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