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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1186

En el cuarto apareció un tipo extranjero, completamente desconocido para Sabrina.

Debía tener unos veintisiete, tal vez veintiocho años, vestido con traje y corbata, con un aspecto decente. Sin embargo, sus ojos, que no paraban de moverse de un lado a otro, causaban una incomodidad difícil de ignorar.

Quentin Fontaine, al observar a Sabrina de cerca, quedó aún más impresionado.

A diferencia de todas esas mujeres que solía conocer, llenas de maquillaje hasta el exceso, Sabrina tenía un aspecto natural. Su maquillaje era tan sutil que apenas se notaba, pero ni siquiera eso lograba ocultar su belleza deslumbrante, tan imponente como una reina nacida para brillar.

Quentin Fontaine la miraba con descaro, tragando saliva como si no pudiera contenerse.

—Preciosa, me llamo Quentin Fontaine, y pronto seré el heredero de la familia Fontaine —se presentó, con una voz llena de petulancia y sin apartar esos ojos lascivos del rostro de Sabrina.

A Quentin le gustaba obtener lo que quería sin usar la fuerza, pero si la ocasión lo exigía, tampoco era de los que se echaban para atrás.

Sabrina, sin perder su tranquilidad, respondió:

—¿Señor Fontaine, no será que se equivocó de habitación?

La actitud distante de Sabrina solo encendió más el deseo de conquistarla en Quentin.

Acercándose con malas intenciones, soltó:

—Preciosa, ese tipo que estaba contigo hace rato, la neta parece modelo, pero de utilidad nada, puro adorno. ¿Por qué no pruebas conmigo? Te aseguro que sabrás lo que es estar con un verdadero hombre.

Como si buscara rematar su oferta, Quentin añadió:

—Si aceptas estar conmigo, los contratos y órdenes que quieras serán tuyos, ni te preocupes por eso, te los firmo todos los que quieras.

Ya sin poder contenerse, Quentin Fontaine se lanzó sobre Sabrina.

Sin perder la calma, Sabrina lo recibió con una expresión impasible. En el instante en que él intentó ponerle las manos encima, ella le sujetó el brazo con fuerza, lo giró en un movimiento ágil y lo derribó, plantando el tacón de su zapato en la cara de Quentin.

A estas alturas de la vida, Sabrina ya había pasado por demasiados intentos de acoso como para no estar preparada. Había tomado clases de defensa personal con un instructor experimentado. Puede que no fuera una experta, pero para tipos como Quentin, que solo sabían gastar dinero y presumir, era más que suficiente.

Capítulo 1186 1

Capítulo 1186 2

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