Sabrina tocó la frente de Sebastián. La temperatura estaba un poco elevada, pero no parecía tener fiebre.
Sintió un ligero alivio, aunque en el fondo la invadió la culpa.
El clima en Alemania ya era húmedo de por sí, y anoche llovió toda la noche. El frío y la humedad llenaban el ambiente.
El piso, además, parecía congelar hasta los huesos.
Aun así, ella había dejado que Sebastián durmiera en el suelo.
Ni hablar de Sebastián, hasta ella misma se habría enfermado si hubiera pasado la noche tendida ahí.
Si a Sebastián le ocurría algo en un momento tan delicado, no solo no podrían salir de Alemania, hasta esconderse sería un problema.
Sabrina cerró los ojos por un instante y respiró hondo.
Después de calmarse, los abrió de nuevo.
Arregló las cobijas de la cama y se acercó de nuevo a Sebastián.
No importaba nada más, primero tenía que ayudarlo a subir a la cama para que dejara de exponerse al frío.
El asunto era que Sebastián era alto y corpulento, casi del tamaño de André.
Aunque Sabrina llevaba tiempo ejercitándose, levantar a un tipo de ese tamaño no era cosa fácil.
Batalló un buen rato. Acabó empapada en sudor antes de lograr poner a Sebastián de pie, aunque fuera a medias.
En ese momento, Sebastián por fin despertó.
Abrió los ojos despacio.
—¿Qué pasa?
Su voz sonaba cascada, completamente distinta a su tono habitual, siempre tan claro y sereno.
Al verlo despertar, Sabrina se sintió más animada.
—Hache, ¿cómo te sientes? ¿Crees que puedas levantarte? Vente a la cama un rato, descansa.
Sebastián la miró fijamente.
Ese brillo peculiar en sus ojos no estaba ahí; su mirada era extraña, opaca, como el cielo nublado de afuera, con un fondo tan helado que le helaba el alma.
Murmuró con voz baja:
—…Está bien.
Sabrina logró llevarlo a la cama.
—Hache, ¿te sigue doliendo mucho la cabeza?
Sebastián apenas contestó:
[—¿Qué… qué le pasó a Sebastián?]
—Estos días anda raro. Le duele mucho la cabeza, se ve muy mal…
[—¿Mató a alguien?]
Sabrina guardó silencio un par de segundos.
—…Sí.
Al escuchar la respuesta, Joseph no pudo evitar estremecerse.
Ya valió, el viejo problema de Sebastián había regresado.
En esta etapa, Sebastián se volvía insensible y peligroso, y sus emociones quedaban fuera de control.
En su momento, Araceli también había visto ese lado de Sebastián. Por eso huyó de regreso a Cartagena, prefirió engancharse con un tipo casado antes que volver a acercarse a Sebastián.
Le daba miedo que, si a Sebastián se le cruzaban los cables, hasta ella pudiera salir lastimada.
No solo Araceli, hasta el propio Joseph, que siempre andaba pegado a Sebastián, prefería poner la mayor distancia posible en esos periodos.
Ahora Sabrina estaba sola con Sebastián en ese estado…
Eso sí era jugar con fuego.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...