Sabrina estaba a punto de decir algo, pero Sebastián se le adelantó con voz tranquila:
—De cualquier forma, no tiene sentido que te deje sola toda la noche durmiendo en una silla. Solo somos dos, así que yo descanso la primera mitad y tú la segunda. Así está parejo.
Como no iban a dormir en la misma cama, a Sabrina no le pareció tan incómodo. Más bien, le pesaba cierta culpa hacia Sebastián. Su idea inicial era curarlo, y al final, la que terminó usando la cama fue ella.
Sebastián volvió a hablar, con esa calma que parecía no alterarse con nada:
—Además, yo ni salgo durante el día. Si me da sueño, me echo un rato aquí mismo y ya. De todas formas, no tengo nada mejor que hacer.
Sabrina entendía que solo decía eso para que ella no se sintiera mal. No lo contradijo más.
—Bueno, entonces me voy a lavar la cara y en un ratito salgo a comprar algo de desayunar.
...
Apenas habían pasado diez minutos desde que Sabrina salió, cuando alguien tocó suavemente la puerta. Sebastián pensó que sería ella, pero al ver quién entró, se quedó sorprendido. Era la dueña del lugar.
Ella, una mujer de mediana edad, entró con paso tranquilo y una sonrisa amable.
—La señorita Ibáñez fue a comprar comida para ti —explicó, cerrando la puerta tras de sí—. Me pidió que viniera a echarte un ojo. Si necesitas algo, dime con confianza, ¿sí?
Sebastián se sentó más recto y le respondió con cortesía, aunque su tono dejaba ver cierta distancia:
—Muchas gracias.
La mujer agitó las manos, nerviosa.
—No, no, de verdad, ni lo digas. Es lo menos que puedo hacer. Antes...
Se detuvo, carraspeando, y una ligera incomodidad cruzó su mirada.
—La verdad, la actitud que tuve con ustedes no fue la adecuada —admitió.
Sebastián la miró fijamente, intrigado.
—¿A qué se debe ese cambio tan repentino, señora?
La dueña, acostumbrada a pasar mucho tiempo sola porque sus hijos trabajaban lejos, no necesitó mucho para soltarse a platicar. Apenas escuchó la pregunta, como si le hubieran abierto la llave, empezó a contarle todo.
—Mira, tú y la señorita Ibáñez tienen un aire diferente. Se nota que vienen de familia acomodada, no suelen hospedarse en lugares como este. Igual, he recibido aquí a varias parejitas así, ya sabes, de esos que parecen de novela: familia grande, mucho dinero, pero sus papás no los dejan estar juntos. Como los buscan hasta debajo de las piedras, terminan escondiéndose en lugares humildes como este.
Hizo una pausa, recordando.
—No le pasó nada a la señorita Ibáñez, tranquilo. De hecho, ella le dio una lección a esos tipos...
Sebastián la observó, esperando más detalles.
—Pues... usó una pistola —confesó la mujer, bajando la voz aún más—. No dudó ni un segundo, los espantó y los puso en su lugar. Te juro que nunca había visto a una mujer tan decidida, parecía una heroína de esas que salen en las películas.
La dueña sonrió, como si recordara la escena con orgullo.
—Mira que yo llevo años pagando para que esos desgraciados no me molesten, pero tu novia sí que les dio su merecido. Desde entonces, no la molestan.
Luego, miró a Sebastián con una ternura inesperada.
—Y aun después de todo eso, ni se quejó ni fue de las que arman drama. Siguió cuidándote como si nada hubiera pasado.
Le dio una palmada en el hombro, casi como una abuelita preocupada.
—Muchacho, de verdad, cuídala mucho. No cualquiera hace tanto por alguien.
Sebastián bajó la mirada, sintiendo una mezcla de admiración y culpa. No sabía si merecía tanto, pero en ese momento, una sola cosa quedó clara en su corazón: haría lo imposible por no defraudar a Sabrina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...