Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1214

Nuevo hogarLa Guerra de una Madre Traicionada ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Sabrina revisó su agenda de los últimos días y, para su sorpresa, estaba llena salvo por la noche de hoy.

—Solo tengo tiempo esta noche —comentó Sabrina—. Pero como a las seis tengo una reunión, seguro me voy a tardar un poco más, ¿está bien para ti?

Jorge le respondió con una voz tranquila:

—Claro que sí, tú haz lo tuyo primero, yo no tengo prisa.

Después de ponerse de acuerdo, Sabrina volvió a enfocarse en su trabajo.

Cerca de las cinco de la tarde, alguien tocó la puerta de su oficina.

Sabrina levantó la vista y, al ver quién era, no pudo evitar sorprenderse.

—Jorge, ¿qué haces aquí?

Jorge apareció con una sonrisa relajada.

—Pasé por aquí para hacer unas diligencias y, ya que terminé, pensé en esperarte.

—Sabrina, sigue trabajando, yo aguardo aquí tranquilo.

—Cuando termines, nos vamos a cenar juntos, ¿te parece?

Sabrina miró el reloj y dijo con un poco de preocupación:

—Pero vas a tener que esperarme al menos dos horas.

—No pasa nada —contestó Jorge—. Si no te espero aquí, igual voy a esperarte en el restaurante.

Al escuchar eso, Sabrina ya no insistió más.

—¿Quieres tomar algo, Jorge? ¿Café, jugo, o prefieres otra bebida?

—Con un vaso de agua está bien —respondió Jorge, sencillo.

Sabrina le sirvió un vaso de agua y regresó a su escritorio.

Desde que Sabrina había dejado de tocar el violín, era la primera vez que Jorge la veía trabajar en la oficina. Se dio cuenta de que ella tenía una concentración impresionante, no se distraía ni un poco por su presencia.

La verdad, Sabrina sí estaba saturada. Tenía que revisar contratos, firmar documentos y tomar decisiones sobre distintas colaboraciones. Jorge, al verla tan enfocada, sintió un poco de alivio: al menos Sebastián no había aparecido en todo ese rato.

Si Sebastián estuviera con Sabrina las veinticuatro horas del día, seguro ya se habría vuelto loco de celos.

Como a las cinco y media, Diego Cornejo llegó a tocar la puerta.

Jorge asintió, dejando claro que lo había entendido.

Diego tenía que entrar también a la junta, así que no se quedó mucho tiempo.

Cuando Jorge se quedó solo, miró a su alrededor, observando el espacio de Sabrina. La oficina era sencilla, sin adornos ni decoraciones llamativas. No parecía para nada el típico espacio de una chica joven.

Su mirada se posó en la montaña de documentos sobre el escritorio de Sabrina y, sin poder evitarlo, sintió una punzada en el pecho. Sabía bien que Sabrina apenas estaba entrando al mundo de los negocios, aprendiendo y trabajando al mismo tiempo. Imaginó lo agotador que debía ser todo eso para ella.

Por dentro, Jorge deseaba poder ayudarla, hacer su trabajo por ella para que no tuviera que cargar con tanto.

De repente, el silencio de la oficina se rompió con el timbre de un celular.

Era el teléfono de Sabrina.

Al parecer, en su apuro por ir al encuentro con el director Morel y luego correr a la reunión, Sabrina había dejado su celular olvidado sobre el escritorio.

Jorge dudó un momento. No quería meterse, pero el teléfono no dejaba de sonar.

Finalmente, tomó el celular. En la pantalla, apareció el nombre “Marcelo”.

Jorge pensó en contestar, solo para avisar que Sabrina estaba ocupada en una reunión.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada