El timbre del celular, que había estado sonando sin parar, se detuvo de golpe.
Al instante, una notificación emergió en la pantalla.
[Sabrina, ya revisé con detalle el plan para asaltar a Ulises. ¿Estás segura de que quieres mandar a Hache a rescatar a Daniela? La familia Hoyos también es peligrosa. Me preocupa que Hache no pueda con ellos.]
Al leer el mensaje, la mirada de Jorge se endureció.
¿Asaltar a Ulises?
¿Por qué Sabrina planeaba asaltar a Ulises?
Jorge, siguiendo un impulso, movió el dedo para revisar los mensajes anteriores.
Pero de pronto, como si una alarma interna se encendiera, se detuvo.
Revisar el celular de otra persona sin permiso era una falta de respeto.
Aun así, le inquietaba que Sabrina le hubiera contado ese plan a Marcelo, pero no a él.
Él también podía ayudarle, ¿no?
O tal vez… Sabrina aún no había tenido oportunidad de decírselo.
Hoy en la noche, Sabrina lo había invitado a cenar. Quizá pensaba contárselo entonces.
Jorge estaba a punto de dejar el celular en la mesa, pero se detuvo otra vez.
¿Y si Sabrina nunca pensaba decírselo?
En ese instante, sus ojos se tornaron más oscuros, llenos de pensamientos que no podía evitar.
Eso solo podía significar que, en el corazón de Sabrina, él no estaba al nivel de Marcelo… ni de Sebastián.
Entender que no estaba por encima de Marcelo no le molestaba tanto. Después de todo, Sabrina y Marcelo habían crecido juntos; Marcelo para Sabrina era como un hermano.
Pero Sebastián… ¿por qué Sebastián?
Esa idea le crispó el gesto y se le notó en el rostro.
Miró el celular que sostenía entre las manos, la mirada cada vez más sombría.
Después de unos segundos, como si tomara una decisión definitiva, Jorge alzó la vista hacia la puerta, asegurándose de que nadie fuera a entrar. Sacó su propio celular y, con movimientos ágiles, envió un archivo comprimido al celular de Sabrina.
Sabrina nunca ponía contraseña ni huella al celular, así que Jorge pudo desbloquearlo sin dificultad.
Abrió el archivo que él mismo había mandado.
La pantalla del celular de Sabrina se puso negra por unos segundos, aunque pronto volvió a la normalidad.
No devolvió la llamada, pero sí le contestó con un mensaje.
Después de escribir, volvió con Jorge.
—Listo, vámonos —le dijo.
Salieron juntos del edificio. Como si fuera parte de una mala broma, Jorge no se sorprendió al notar la presencia de Sebastián, quien ya los esperaba.
Sebastián, como si hubiera sabido que Jorge llegaría, les sonrió y los saludó:
—Señor Olivares, cuánto tiempo sin vernos.
—Así es, ha pasado un buen rato —contestó Jorge, con una sonrisa que no llegaba a los ojos.
Sebastián encendió el carro y llevó a Sabrina y Jorge hasta el restaurante.
Aunque Sebastián era, en teoría, el guardaespaldas de Sabrina, ni siquiera los Ramos lo trataban como tal.
Fuera de Sabrina, nadie podía darle órdenes a Sebastián.
Por eso, aunque la invitación a cenar era para Jorge, Sebastián también los acompañó al restaurante.
Y no solo fue, sino que se sentó sin el menor reparo justo al lado de Sabrina.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...