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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1230

Eva regresó a la casa de los Ramos con el semblante cargado de preocupación, como si llevara una tormenta a cuestas.

Apenas cruzó la puerta, Esteban Ramos y Félix Ramos se levantaron de inmediato, la tensión en sus gestos era evidente.

—Eva, ¿cómo está Ulises? —preguntó Esteban, incapaz de disimular su ansiedad.

Ella negó suavemente con la cabeza, evitando sus miradas.

—Las cosas no pintan nada bien.

Félix, con el ceño arrugado, insistió:

—¿Qué pasó exactamente? ¿Por qué explotaron la hacienda de la familia Hoyos? ¿Por qué salió herido Ulises? ¿Y cómo es que hasta les robaron la mercancía?

Eva relató todo lo sucedido, sin omitir ningún detalle importante.

—Alguien intentó asesinar a Ulises. Ahora perdió un brazo y tiene el oído gravemente dañado.

Esteban no pudo contener su asombro.

—¿Quién tuvo el descaro de robarle la mercancía y encima intentar matarlo?

Aunque Esteban solía dejarse llevar por sus impulsos, no era ningún ingenuo. Intuía que el robo y el atentado estaban relacionados. Había algo más detrás de la desgracia de Ulises.

Por un momento, Eva guardó silencio. Titubeaba, debatiéndose internamente sobre si debía contarles a sus hermanos lo referente a Sebastián.

Félix, siempre perspicaz, notó su inquietud.

—Eva, ¿te estás guardando algo?

Eva abrió la boca, sin saber muy bien cómo empezar. Había un muro invisible que le impedía hablar.

Félix continuó, su tono volviéndose más grave:

—Con la situación en la que está la familia Hoyos, no hay muchas esperanzas. La herida de Ulises lo dejará fuera de juego por un buen rato, y sus rivales no dejarán pasar la oportunidad de hundirlo. Además...

Una sonrisa retorcida se dibujó en los labios de Félix.

—La familia Hoyos tiene enemigos afuera, pero también problemas adentro. Lo que les espera no es nada alentador. Ulises ya no tiene el control asegurado. Eva, creo que es hora de abandonar esa jugada.

El juicio de Félix era agudo. A esas alturas, ya no se trataba solo de pérdidas económicas: el liderazgo de Ulises pendía de un hilo.

—Aunque les robaron la mercancía, la familia Hoyos no va a quebrar por eso —reflexionó Félix—, pero a partir de ahora, Ulises va a estar en la cuerda floja.

Eva soltó un suspiro, resignada, y al fin se atrevió a hablar:

—En realidad... quien intentó matar a Ulises fue Sebastián.

El silencio cayó de golpe. Esteban se quedó boquiabierto, los ojos como platos.

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