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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1236

Sabrina prefirió no hablar de ese tema en el hospital, así que solo dijo:

—Luego platicamos en la noche, ¿sí?

Gabriel no insistió.

—De acuerdo.

Después de concretar la hora y el lugar, Sabrina volvió a la habitación.

Al entrar, notó que Joseph no estaba platicando con Sebastián. Se veía inquieto, sentado en la orilla de la silla, mirando a todos lados como si no encontrara su sitio.

Sebastián, en cambio, estaba recostado en la cama, entregado de lleno a su celular. Los efectos de disparos y gritos salían del aparato, llenando el ambiente con esa tensión característica de los videojuegos. Por la intensidad de las explosiones, seguro estaba en la parte más intensa de la partida.

Sebastián movía los dedos por la pantalla con una tranquilidad que impresionaba, la cara impasible, como si fuera una máquina programada para eliminar enemigos.

Sabrina se sorprendió. Durante el tiempo que lo había estado cuidando, a pesar de que Sebastián solía revisar su celular, rara vez lo había visto jugar. Siempre que le preguntaba qué hacía, él respondía que leía noticias o chismes.

En su momento, Sabrina pensó que, tras la herida de bala, Sebastián evitaba los juegos para no lastimar su brazo.

Miró a Joseph y le preguntó:

—Joseph, ¿no juegas con Hache?

Joseph sonrió, medio apenado.

—Pues… la verdad, no soy tan fan de los juegos.

No quería exponerse a quedar en ridículo siendo derrotado por Sebastián. Sabía que, cuando Sebastián andaba de malas y necesitaba desahogarse, se metía al juego a arrasar con todo.

Sabrina no estaba enterada de eso. Lo miró y preguntó:

—Oye, Joseph, ¿tienes algo que hacer más tarde?

—No, señorita Ibáñez. ¿Se le ofrece algo?

—Voy a salir a cenar con una amiga. Regreso antes de las ocho. ¿Podrías quedarte aquí con Hache un rato?

Joseph, al escucharla, volteó de inmediato a ver a Sebastián, buscando alguna señal.

Sebastián seguía inmerso en su juego, como si nada.

Como no hubo objeción, Joseph asintió con una sonrisa amable.

—Por supuesto, no hay problema.

—Gracias, Joseph, te lo encargo mucho.

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