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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1238

Gabriel, al ver la expresión de Sabrina, como si temiera que ella malinterpretara algo, aclaró de inmediato:

—Sabrina, tranquila, esto solo es una actuación, no te voy a pedir nada fuera de lugar.

Hizo una pausa y añadió con una voz suave:

—Mi abuela no tiene mucho tiempo, así que tampoco se trata de irnos a casar ni nada por el estilo.

Si esto hubiese pasado antes, Sabrina habría aceptado sin pensarlo. Después de todo, Gabriel le había echado la mano tantas veces que era lo menos que podía hacer. Sin embargo, en ese momento, una extraña duda le atravesó la mente y titubeó, incapaz de dar una respuesta al instante.

Gabriel notó su silencio, y sus ojos oscuros se tornaron aún más profundos.

En voz baja, casi en un susurro, le dijo:

—Sabrina, si no te sientes cómoda, podemos dejarlo. No quiero que sientas que te estoy poniendo en una situación complicada.

Ese toque de consideración hizo que Sabrina volviera en sí, y una oleada de vergüenza la cubrió. ¿Cómo era posible que estuviera dudando, después de todo lo que Gabriel había hecho por ella? Era solo un pequeño favor, y aun así se había quedado pensando demasiado.

—No, no hay problema. Yo te ayudo, cuenta conmigo —afirmó con convicción.

—¡Eso! —Romeo aplaudió emocionado, su cara iluminada por una gran sonrisa.

Gabriel también dejó escapar una leve sonrisa de alivio.

Cuando trajeron la comida, los tres siguieron platicando mientras comían, entre risas y anécdotas. Parecían una pequeña familia improvisada, compartiendo la cena en ese restaurante sencillo.

Ya cuando estaban por terminar, el celular de Gabriel vibró en la mesa. Él miró la pantalla, suspiró con resignación y contestó:

—Abuela.

La voz cálida de la abuela Castillo se escuchó al otro lado de la línea, envolviendo la conversación con su ternura de siempre.

—Gabriel, ¿te acuerdas de tu abuela Peña? Antes éramos vecinas de toda la vida. Ahora que sabe que vine a Chile para recuperarme, vino a visitarme con su nieta Lidia... ¿te acuerdas de Lidia? Ustedes jugaban juntos cuando eran niños.

La abuela siguió hablando animada:

—Lidia adora a los niños, tanto que hasta puso una cadena de guarderías. ¿Tienes tiempo para venir con Romeo a visitarnos? Te aseguro que le va a caer bien.

Gabriel comprendió de inmediato las verdaderas intenciones de su abuela. Cada vez que alguna cita arreglada salía mal, él siempre decía que era porque Romeo no se llevaba bien con las chicas. Ahora, la abuela había traído a la reina de los niños, segura de que esta vez no habría pretextos.

Gabriel miró a Sabrina, con resignación grabada en su voz:

—Abuela, ya no hace falta que me presentes a nadie. Ya estoy saliendo con la chica que me gusta.

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