Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1240

Nuevo hogarLa Guerra de una Madre Traicionada ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

Después de mucho tiempo sin ver a Romeo, Sabrina por fin se reunió con él, y su ánimo mejoró notablemente.

Incluso su voz sonaba más dulce y ligera de lo habitual.

—La verdad, la cafetería donde fuimos a comer estaba llenísima en la noche, y tardaron muchísimo en traernos la comida. Por eso llegué tarde —explicó Sabrina, con una sonrisa suave que se dibujaba en la comisura de sus labios y le iluminaba la mirada.

Al ver esa expresión tan serena en Sabrina, Sebastián sintió una incomodidad inexplicable que le revolvía el pecho.

Aun así, no dijo nada más. Guardó silencio, tragándose sus palabras.

Sabrina, siempre atenta, notó en seguida que Sebastián parecía estar de malas.

Pensando que tal vez era porque había llegado tan tarde y Sebastián seguía sin cenar nada, le dijo:

—Perdón por regresar tarde. Mañana trataré de volver más temprano.

Sebastián arrugó la frente.

—¿Mañana? ¿Vas a salir otra vez con Gabriel?

Sabrina asintió.

—Sí. La abuela Castillo acaba de llegar a Chile. Mañana voy a visitarla.

—Voy contigo —soltó Sebastián, casi sin pensarlo.

Pero Sabrina negó de inmediato:

—No hace falta. Todavía no te recuperas bien de la herida. Mejor quédate aquí, descansa y no andes paseando.

Sebastián resopló y frunció el ceño.

—No me parece buena idea. Si te pasa algo...

Sabrina lo interrumpió con voz suave.

—Hache, no te preocupes. Mañana Gabriel va a pasar por mí. No va a haber ningún problema.

Sebastián se quedó callado, con el ceño todavía marcado.

...

Al día siguiente, Gabriel llegó temprano al hospital para recoger a Sabrina. Incluso se dio tiempo de pasar primero al cuarto de Sebastián.

La actitud de Sebastián hacia Gabriel fue más distante que nunca. Apenas le devolvió el saludo y ya no cruzó palabra.

Gabriel no le dio importancia. Con una sonrisa relajada, dijo:

Gabriel sabía que la abuela Castillo seguía sospechando de que de la nada tuviera "novia". Así que, resignado, le entregó el celular a Sabrina.

—Sabrina, la abuela quiere platicar contigo.

Sabrina tomó el teléfono con una sonrisa.

—Abuela Castillo, buenas tardes.

[Buenas tardes, buenas tardes], contestó la abuela, visiblemente emocionada. [Estoy preparando el almuerzo para ustedes. ¿Hay algo que no puedas comer? Así le digo a la cocina que lo tome en cuenta.]

Aunque nunca se habían visto en persona, el simple hecho de que la abuela Castillo la considerara tan especial, le tocó el corazón a Sabrina.

Porque, ni en la familia Carvalho, ni en la familia Ramos, nadie se había preocupado jamás por lo que le gustaba o no le gustaba comer.

—Abuela Castillo, no tengo ninguna restricción. Usted puede preparar lo que guste —respondió Sabrina con sinceridad.

La abuela Castillo habló con una calidez reconfortante:

[Hijita, igual que Gabriel. Llámame abuela, no tienes por qué ser tan formal conmigo.]

Sabrina sonrió, sintiendo un calorcito en el pecho que nunca antes había experimentado.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada