Sabrina sintió un escalofrío en los párpados, como si algo la alertara de inmediato.
—¿Desaparecido? ¿Cómo que desaparecido? —preguntó, sin poder ocultar la inquietud en su voz.
Joseph explicó:
—Al mediodía, después de comprarle el almuerzo a Sebastián, salí a comer algo. Pero cuando regresé, ya no estaba por ningún lado.
Sabrina no perdió tiempo.
—¿Ya intentaste llamarle?
—Sí, pero no contesta —dijo Joseph, con el ceño fruncido.
El rostro de Sabrina se tensó.
—¿Y las cámaras del hospital? ¿Ya revisaron?
—Acabamos de checarlas. Sebastián salió por su cuenta, nadie lo obligó ni parece que lo hayan secuestrado.
Al escuchar eso, Sabrina sintió un pequeño alivio. El miedo de que Ulises hubiera actuado y puesto en peligro a Sebastián la había dejado sin aliento. Si él o gente de su familia lo hubieran llevado, todo se complicaría muchísimo.
Respiró hondo, tratando de calmarse, y preguntó otra vez:
—Joseph, ¿ya revisaste la ubicación del celular de Sebastián? ¿Dónde fue la última vez que apareció?
Joseph dudó unos segundos. Casi se le olvida su otra faceta, esa que solo unos pocos conocían: la de hacker.
Con voz insegura, confesó:
—La neta, me puse tan nervioso que se me olvidó, señorita Ibáñez. Pero en este momento me pongo a rastrearlo.
—Te encargo eso, por favor —pidió Sabrina, apretando el celular entre sus dedos.
—Señorita Ibáñez, ¿usted va a regresar ahorita?
—Sí, ya voy para allá, pero estoy algo lejos del hospital. Si tienes cualquier noticia, avísame enseguida.
—Entendido.
Sabrina colgó, suspirando. Volvió al salón del evento, intentando mantener la compostura.
Gabriel, al verla tan tensa, se acercó con preocupación.
—Sabrina, ¿te pasa algo?
Ella no dudó en responder:
—Perdón, Gabriel, pero tengo que irme. Hache desapareció y temo que Ulises o alguien de Fidel haya tenido algo que ver. Necesito ir a buscarlo, no puedo quedarme tranquila.
Gabriel asintió, su expresión se endureció.
Él conocía bien la historia entre Sabrina, Ulises y Fidel. Con todo lo que había pasado con la familia Hoyos últimamente, no le sorprendía nada.
—¡Hache!
El viento arrastró su llamada, difuminándola en la oscuridad.
La silueta, envuelta en sombras, giró el rostro hacia ella. Aunque el alumbrado público seguía encendido, la luz no alcanzaba a iluminarlo del todo. Sabrina no podía ver sus rasgos, solo una sombra recortada por el resplandor lejano.
Aun así, sentía su mirada clavada en ella, intensa y pesada.
Apresuró el paso hasta la roca.
Sin saber qué decir, todas las palabras de reproche se le atoraron en la garganta.
—Hache —repitió, y le extendió la mano, bajando la voz—. Ven, bájate de ahí.
Sebastián la miró desde arriba, sus facciones oscurecidas por la noche.
—¿Qué haces aquí?
—Joseph me avisó que habías desaparecido… Hache, ¿por qué viniste hasta acá?
Él bajó la mirada, sus ojos reflejando la inquietud de las olas.
—No pasa nada. Solo quería ver el mar, esperar el amanecer. Llevo tanto tiempo encerrado en el hospital que necesitaba respirar, despejarme un poco.
Sabrina lo miró, entendiendo en silencio todo lo que no se atrevía a decir en voz alta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...