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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1250

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Unos días después, cuando Gabriel citó a Sabrina para verse, notó que ella no dejaba de mirar su celular. A cada rato lo sacaba y se ponía a mandar mensajes.

Gabriel no pudo evitar preguntar:

—Sabrina, ¿andas muy ocupada últimamente?

Sabrina terminó de responder el mensaje que tenía entre manos y luego contestó:

—No tanto, la verdad.

Viendo que Gabriel tenía la mirada fija en su celular, Sabrina se tomó un momento para aclarar:

—Es que Hache todavía no se recupera bien. Además, siempre se le olvida comer, así que le mando mensajes para recordarle.

Gabriel se la quedó viendo un rato.

—Sabrina, ¿te importa mucho Hache, verdad?

Sabrina asintió, tranquila y directa.

—La neta, aunque Hache trabaja para mí, lo que ha hecho por mí va mucho más allá de su chamba. Siempre lo he considerado un amigo.

Gabriel observó el rostro de Sabrina con atención. De repente, le soltó:

—¿Nunca has pensado en volver a empezar algo… en el amor?

Sabrina negó con la cabeza.

—A decir verdad, la última relación me drenó toda la pasión. Por ahora, no quiero saber nada de esos temas. Además, con todo lo que tengo encima, no me da tiempo de andar pensando en amoríos. Prefiero enfocarme en sacar adelante mi negocio antes que meterme de nuevo en algo así. Y ya cuando todo esté en calma, a lo mejor me lo planteo.

A pesar de que Sabrina no le había tomado fobia al amor por su última experiencia, tampoco quería saber nada del tema. Como dice el dicho, el que se quema con leche hasta al jocoque le sopla. No quería volver a salir herida.

Y es que, en ese momento, no tenía ni el tiempo ni la energía para distraerse con esos asuntos. Su entorno parecía una selva llena de fieras al acecho; un descuido y todo se podía venir abajo. Solo alguien completamente distraído por el amor se permitiría andar en esas cuando la situación era tan peligrosa.

Gabriel, al escucharla, lo entendió todo de golpe. No insistió. Mejor cambió de tema, porque sabía que, en ese momento, quien fuera que le confesara sus sentimientos a Sabrina terminaría siendo rechazado. Lo único que podía hacer era aprovechar ese tiempo para fortalecer su relación con ella, aunque fuera en silencio.

Entonces, recordando otra cosa importante, Gabriel le comentó:

Sabrina andaba hasta el tope de trabajo, yendo y viniendo entre la empresa y el hospital, y ya empezaba a sentirse agotada.

Por suerte, Sebastián siempre había sido fuerte, y además Sabrina le consiguió el mejor equipo médico posible. Eso ayudó mucho en su recuperación.

De todos modos, no podían darse el lujo de perder tanto tiempo en el hospital. El asunto de Ulises tenía que resolverse pronto.

En este juego de poder, había que aprovechar la debilidad del rival para rematarlo. No podían dejar que se recuperara y les diera la vuelta.

Sebastián se acercó a Sabrina y le dijo:

—Sabrina, el incendio que le prendimos a la familia Hoyos ya está ardiendo con ganas. Es hora de pasar a la siguiente etapa del plan.

La noticia de que Ulises estaba hospitalizado aún no había salido a la luz. Hacía mucho que Ulises no se dejaba ver por ningún lado.

Sabrina, haciéndose pasar por Ulises, había vendido una mercancía a unos primos lejanos de la familia Hoyos, y el resultado fue mucho mejor de lo esperado.

Por más que Ulises intentó deslindarse y negar todo, nadie le creyó. Ni siquiera sus propios familiares, los que compraron esa mercancía, confiaban ya en él.

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