Sabrina al fin pudo entender lo que Gabriel había querido decir con esa “cita a ciegas imposible de rechazar”. Ahora todo tenía sentido.
—Señor Vázquez, mi novio no es Hache, es Gabriel. Nos conocimos en Colombia, y él me ha ayudado muchísimo desde entonces —explicó Sabrina con calma.
El ceño de Cristóbal se relajó un poco, como si al fin hubiera encontrado algo de equilibrio en la conversación.
—Gabriel, eh. Ese muchacho, entre la nueva generación, la verdad no está nada mal —comentó, pensativo—. Pero la mayoría de sus negocios no están en Chile, así que lo que puede hacer por ti, al final, es limitado.
Cristóbal hizo una pausa, su mirada se volvió más profunda.
—Sabrina, el Grupo Ramos es lo que es hoy gracias, en un ochenta por ciento, al trabajo de tu madre. Pero ahora, todo lo que a ella le pertenecía está en manos de los Ramos, y todavía tienen el descaro de repartirlo con esa hija ilegítima que ni siquiera debería estar en la foto.
Se inclinó hacia adelante, como si quisiera asegurarse de que Sabrina no perdiera ni una sola palabra.
—¿De verdad vas a quedarte de brazos cruzados mientras lo que le correspondía a tu madre termina en manos de esa gente?
Sabrina le respondió con una sonrisa serena:
—Señor Vázquez, aunque decidiera ahora mismo casarme por conveniencia, recuperar el Grupo Ramos en poco tiempo sería imposible. Si acepto una alianza así, todo el mundo sabría de inmediato cuáles son mis intenciones. Y si avanzo demasiado rápido, seguro llamo la atención de los Ramos, y me pondrán el pie donde puedan.
Sabrina dejó que sus palabras flotaran unos segundos antes de continuar.
—Señor Vázquez, todavía no tengo bases firmes. Los Ramos no me han tocado precisamente porque están seguros de que no soy una amenaza. Pero si sienten que pierden el control sobre mí, vendrán tras de mí sin dudar.
Bajó la voz, como si hablara consigo misma.
—Ahora mismo, ellos creen que estoy con Hache. No me han frenado porque piensan que, fuera de darme algún consuelo emocional, Hache no puede ayudarme en nada concreto. Pero si descubren que tengo alianzas con una familia poderosa, van a hacer todo lo posible por cortarme las alas.
Sabrina levantó la mirada, firme.
—Señor Vázquez, usted sabe tan bien como yo que no es el momento de romper con ellos de manera abierta.
Cristóbal se quedó callado unos segundos, analizando a la joven frente a él. Finalmente, asintió, mostrando una sonrisa que dejó ver algo de alivio.
—Sabrina, veo que has pensado en todo. Ahora mismo, no te conviene enfrentarte a Martín y su hijo. Si ya tienes pareja, no te voy a insistir más.
Alzó la mano para evitar que ella dijera algo más.
—Pero por lo menos, preséntate. Solo será una reunión, para que conozcas a alguien más, como quien hace un nuevo amigo.
A los pocos pasos, se detuvo y miró hacia atrás. El perfil de Sebastián, marcado y seguro, bien podría haber sido esculpido por un artista. Sin una sola imperfección. Era el tipo de atractivo que cualquiera notaría a simple vista; no era raro que Sabrina lo tuviera cerca todo el tiempo.
Mientras no pasara de ahí, aunque Sabrina quisiera tener a varios modelos a su alrededor, tampoco habría problema.
Después de todo, cuando una mujer se deja llevar por sus sentimientos, suele terminar tomando decisiones impulsivas. Así había acabado Celeste, por entregarse demasiado al corazón.
...
Cuando Sebastián entró a la oficina de Sabrina, preguntó con aparente indiferencia:
—¿El presidente Vázquez quería hablar contigo?
Notó que la mirada que Cristóbal le había lanzado antes tenía un matiz extraño, así que seguramente la plática con Sabrina no había sido cualquier cosa.
Sabrina, masajeándose las sienes con señales de agotamiento, asintió.
—Sí, el señor Vázquez quería hacer de celestino.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...