Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1275

Para Ulises, si Sebastián tenía o no la intención sincera de ayudar a Sabrina, ya no importaba.

A fin de cuentas, después de todo lo que había pasado, él y Sebastián ya no tenían posibilidad de reconciliarse.

Ulises miró a Eva con una sonrisa ambigua.

—La neta, lo que dijo Sebastián tampoco es mentira. Si no fuera por ti, yo no habría hecho nada contra Sabrina, y su mano seguiría bien. En otras palabras, en aquel entonces pensé que todos los problemas que viviste eran por culpa de ella, por eso fui tras Sabrina.

Ulises hizo una pausa y su mirada se volvió más profunda.

—Eva, Sebastián y yo somos iguales. La única diferencia es que yo lo hice por ti, y él lo hace por Sabrina.

El rostro de Eva se tensó casi imperceptiblemente.

No sabía por qué, pero Eva empezó a notar algo diferente en Ulises.

Esteban, molesto, intervino:

—Ulises, antes, cuando alguien se metía con Eva, eras el primero en defenderla y ponerle un alto a quien se atreviera a molestarla. ¿Ahora sales con que le das la razón a Sabrina y a Sebastián?

Ulises se acomodó hacia atrás en la silla y habló con voz perezosa.

—Antes podía salir a defender a Eva porque tenía el poder para hacerlo. Pero ahora, apenas puedo cuidar de mí mismo. No vaya a ser que cualquier día termine en la lona. Ya no tengo cabeza ni fuerza para andar defendiéndola.

Esteban se quedó mudo, atónito por lo que acababa de escuchar.

Eso no sonaba para nada como algo que Ulises diría.

Ulises siempre había sido terco y obstinado. No solo era el jefe de la familia, sino que incluso si no lo fuera, aunque le quedara un soplo de vida, si alguien se atrevía a meterse con Eva, jamás lo dejaría pasar tan fácil.

Entonces, Ulises siguió hablando:

—Además, todo lo que se haga necesita una razón válida, algo que lo justifique. ¿Con qué cara le reclamo a Sabrina y Sebastián ahora? ¿Por decir que Sebastián le arruinó el carro a Eva a propósito? Pero al manejar, siempre hay riesgo de accidentes. ¿A poco cuando Eva pidió prestado el carro no pensó en eso?

No era imaginación suya. Eva por fin pudo confirmar que Ulises había cambiado.

Sabía bien que no haber ido al hospital a ver a Ulises en este tiempo, seguramente le había causado resentimiento.

Antes, con una pequeña muestra de cariño de su parte, Ulises nunca la culpaba por nada.

Pero ahora…

Eva apretó los puños, sintiendo una punzada de impotencia.

Estaba segura de que era por culpa de Sebastián y sus intrigas, si no, Ulises jamás reaccionaría de esa forma.

Eva ya entendía perfectamente lo que pasaba, pero Esteban, ajeno a todo, solo sentía que Ulises estaba actuando como un tipo sin corazón.

Indignado, le señaló con el dedo.

—Ulises, ¿escuchaste lo que acabas de decir? ¡El Luz X de Eva se lo echó Sebastián! ¿Y tú tan campante? Ese Luz X lo modificaste tú mismo, ¿no? Sebastián lo hizo claramente por venganza. ¿O me vas a decir que fue un accidente?

Ulises le lanzó una mirada de desdén.

—¿Crees que no sé que lo hizo adrede? Pero aunque así sea, ¿qué puedo hacer? Yo destruí el Astra Aestiva y la mano de Sabrina, ¿no es lógico que Sebastián quiera tomar revancha? ¿O sea que yo sí puedo atacar a otros, pero ellos no pueden devolverme el favor? Señor Esteban, tú eres más incongruente que yo.

—Ulises, seguro no has comido, ¿verdad? ¿Qué quieres para el almuerzo? Yo te lo traigo.

Ulises la miró con profundidad, sus ojos oscuros llenos de matices.

De pronto, dijo:

—Quiero que tú misma me prepares algo.

Eva se quedó sorprendida.

Antes de que pudiera responder, Esteban soltó una exclamación de asombro.

—¡Ulises, hoy sí te pegaste en la cabeza! Las manos de Eva son para tocar violín, correr en carreras, hacer perfumes… ¿Cuándo has visto que se meta a la cocina como ama de casa?

En ese momento, recordó a Sabrina y no pudo evitar soltar una risa sarcástica.

—¿O crees que todas son como Sabrina? Ella se casó con André, se volvió señora de sociedad y aun así cocina… Por eso terminó divorciándose, ¿no?

Eva también se disculpó con Ulises.

—Perdón, Ulises, la verdad no se me da mucho la cocina. Si quieres comida casera, puedo pedirle a unos amigos que busquen algún restaurante bueno, ¿te parece?

Ulises guardó silencio.

Después de unos segundos, habló por fin.

—Solo estaba bromeando. ¿Acaso no sé yo mismo si sabes cocinar o no?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada