Sin embargo, sin importar lo que él hiciera, la actitud de Celeste hacia él siempre fue fría y distante.
Más tarde, si no hubiera sido porque la familia Ibáñez entró en crisis y Celeste fue blanco de burlas por ello, él se habría mantenido firme a su lado.
Él sospechaba que nunca lograría entrar en el corazón de Celeste.
Finalmente, después de lograr que ella se enamorara de él, pasaron dos años de felicidad.
Nadie imaginó que esos dos años se convertirían en una eternidad.
Al pensar en esto, una pizca de dolor apareció en los ojos de Martín.
Sabrina escuchaba en silencio.
Los Ibáñez no serían tan estúpidos como para mentir sobre eso.
Y naturalmente, era imposible que Martín estuviera mintiendo.
Sabrina no se atrevía a imaginar cómo le hizo su madre para aguantar en aquel entonces, atrapada entre la espada y la pared, con lobos por delante y tigres por detrás.
Finalmente pudo entender por qué Celeste no tuvo más opción que huir con tanta impotencia.
En ese tiempo, la familia Ibáñez estaba en decadencia y tenía que vivir bajo la sombra de otros. No solo no habrían aceptado que Celeste y Martín se divorciaran, sino que, si Celeste hubiera buscado ayuda en su casa materna y se hubiera escondido con los Ibáñez, es muy probable que ellos mismos la hubieran empaquetado y devuelto a las manos de Martín.
Celeste era una mujer sumamente orgullosa.
Cuando no amaba, podía ver con total indiferencia cómo Martín se enredaba una y otra vez con su primer amor.
Como no le importaba, su corazón permanecía tranquilo.
Si no fuera porque esa exnovia la provocó varias veces, ella ni siquiera se hubiera molestado en lidiar con ella.
Pero después de enamorarse de Martín, ¿cómo podría tolerar que él viviera tres años con otra mujer haciéndose pasar por esposos y que, encima, tuvieran un hijo?
Aparte de sus hijos, a Celeste ya no le quedaba nada que la atara.
Tenía manos y pies, podía mantenerse sola; no tenía ninguna necesidad de tragarse su orgullo y sufrir humillaciones solo por lujos y riquezas.
Ella huyó, escapó de ese lugar que la asfixiaba.
Sebastián respondió: —Aunque esos instructores sí han participado en torneos y saben lo que hacen, las competencias y la vida real son dos cosas muy diferentes.
»En una pelea real, los factores externos influyen y hay muchas variables. Algunos traen pistola, otros traen navaja.
»El oponente no va a seguir tus reglas ni atacará como tú esperas. En ese momento, todas esas técnicas de competencia no te servirán para nada.
Sabrina frunció el ceño ligeramente. —¿Entonces todo lo que estudié este tiempo fue de oquis?
Sebastián aclaró: —Tampoco es eso. Al menos servirá para lidiar con gente común que no sabe pelear, pero si te topas con alguien que tenga un poco de entrenamiento, la vas a tener difícil.
»Los tres hermanos, Federico incluido, y hasta Eva, recibieron entrenamiento desde niños. Sabrina, tú vas empezando tarde; a menos que tengas un talento nato para esto, por más que te esfuerces, será muy difícil alcanzarlos.
Nadie es perfecto, y en este aspecto, Sabrina ciertamente no tenía mucho talento.
Sabrina captó la indirecta de Sebastián. —¿Eso quiere decir que necesito buscar un maestro con mucha experiencia en combate real?
Sebastián la miró fijamente. —Sabrina, ¿qué opinas de mí?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...