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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1498

Rocío, sin embargo, no lo veía así. Soltó un bufido frío y dijo:

—¿Acaso no es porque Hache la está ayudando? Sin Hache, Sabrina es un cero a la izquierda.

Ulises no respondió; en cambio, fijó la mirada en la oficina de Sabrina, justo enfrente.

Sin los binoculares, no podía ver gran cosa.

No sabía por qué, pero sintió un nudo extraño en la garganta.

Esta vez, la coordinación entre Sabrina y Sebastián había sido sencillamente perfecta.

Sabrina no solo tuvo que depositar su confianza y apoyo en Sebastián, sino que también debió mantener la cabeza fría para soportar la presión de los Ramos y de los accionistas del Grupo Ramos.

Y además estaba ese topo a su lado...

—El topo que tiene Sabrina cerca... ¿es Diego Cornejo? —preguntó Ulises.

—Así es —Rocío hizo una mueca de desdén—. Diego Cornejo es el secretario que los Ramos le plantaron a Sabrina. Lo he visto un par de veces, no está mal de ver.

»Que sea el infiltrado no sorprende a nadie, ¿verdad?

»Lo que sí es el colmo es Sabrina; por andarle viendo lo guapo, se lo dejó cerca tanto tiempo y mira el desastre que provocó.

Ulises le lanzó una mirada inexpresiva y dijo:

—Si hasta tú puedes deducir eso, ¿crees que Sabrina no lo sabría?

—Hermano, ¿no la estarás sobrevalorando? —Rocío frunció el ceño—. Si ella ya sabía, ¿para qué rayos se lo quedó? ¿No era más fácil correrlo y ya?

»Si no fuera por ese traidor de Diego Cornejo, Hache no habría quedado tan mal parado esta vez, ¿no?

Ulises no esperaba que su tonta hermana entendiera la lógica detrás de todo esto.

Respondió con tono indiferente:

—Aunque corrieran a Diego Cornejo, habrían puesto a otro en su lugar.

—¿O sea que Diego Cornejo terminó siendo clave para que ellos voltearan la situación? —Rocío se quedó pasmada.

—No diría que fue el punto principal, pero sí una pieza clave.

—Pues Sabrina sí que tiene aguante —admitió Rocío—. Si fuera yo, ni de chiste soportaría tener a un traidor así pegado a mí tanto tiempo fingiendo que no sé nada.

—Sabrina no solo tuvo que aguantarlo, sino darle importancia y dejarlo acceder a verdaderos secretos comerciales —dijo Ulises—.

»Si siempre hubiera desconfiado de Diego, los Ramos nunca habrían bajado la guardia.

»Sin embargo, sospecho que lo que Sabrina dejó ver a Diego fue cuidadosamente seleccionado.

»Y en cuanto se filtrara el secreto, el culpable quedaría expuesto al instante.

Al decir esto, en la mirada de Ulises asomó un leve brillo de admiración del que ni él mismo se percató.

—Sabe sacrificar para ganar. Entiende de estrategias y sabe esperar. Definitivamente tiene madera para hacer grandes cosas.

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