Grupo Castaño, Oficina del Presidente.
El teléfono fijo y el celular de Fidel Castaño no dejaban de sonar, como una melodía que anunciaba el fin, alterando los nervios de cualquiera. Pero Fidel no tenía ánimos para contestar.
Con el ceño fruncido, miró el documento de rescisión de contrato que su asistente le había entregado.
—¿Qué está pasando? ¿Otro socio canceló su contrato?
El asistente respondió en voz baja:
—Sí, señor. Esta vez es uno de los socios más importantes del Grupo Castaño. Llevábamos cinco años trabajando con ellos...
Por más distraído que estuviera, Fidel se dio cuenta de que algo no andaba bien.
—Investiga de inmediato. Quiero saber quién está detrás de esto.
El asistente asintió y salió.
Poco después, Nicolás tocó la puerta y entró. Su rostro estaba pálido.
—Tío, el precio de las acciones del Grupo Castaño ha tenido una fluctuación enorme de repente. Han caído varios puntos porcentuales.
Para un gigante corporativo como el Grupo Castaño, una caída de unos pocos puntos significaba la evaporación de miles de millones de pesos.
—Nuestras acciones siempre han sido estables —continuó Nicolás—, rara vez tenemos altibajos tan violentos. Que esto ocurra de la nada podría causar pánico en el mercado. Si no estabilizamos la situación, los accionistas minoritarios empezarán a vender en masa. Y si eso pasa... el precio se irá al suelo.
Era un escenario aterrador, y Fidel lo sabía. Preguntó con voz grave:
—¿Ya averiguaste qué lo causó?
—Puse a mi asistente a checar eso. Hace unos días, nuestras acciones subieron durante una semana entera. Pero desde hace dos días, alguien ha estado vendiendo volúmenes masivos. Sospecho que alguien está intentando una adquisición hostil o simplemente hundirnos...
Fidel revisó los reportes financieros que Nicolás le había llevado y llegó a una conclusión inmediata.
—Tío, ¿sabes quién es? —preguntó en un susurro.
Los ojos de Fidel destilaron frialdad.
—Tengo una idea.
Dicho esto, tomó su celular y marcó un número. En cuanto contestaron, se escuchó la voz perezosa y grave de un hombre al otro lado.
—Lo siento, Fidel. No puedo influir en las decisiones de la familia. Ya sabes que no trabajo en el negocio familiar.
—Manu, tranquilo —dijo Fidel con voz pesada—, no te voy a poner en un aprieto. Solo te llamo para obtener una respuesta. Sabes que en los negocios no hay enemigos eternos. Aunque nuestras familias cancelen la cooperación ahora, quién sabe si en el futuro volveremos a trabajar juntos. No hay necesidad de quemar los puentes, ¿verdad?
Manuel Sánchez suspiró levemente al escuchar esto. Sabía para qué llamaba Fidel.
—Fidel, nos consideramos amigos y compartimos ideales, así que no te voy a mentir.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...