En ese momento, Jorge, que estaba a un lado, intervino furioso:
—Sabrina, ni se te ocurra creerle ni una sola palabra de su choro mareador. Si te ayuda, seguro es porque quiere las acciones originales que tienes en tu poder. Una persona como él, llena de mentiras, ¡no sabe decir la verdad! Aunque no pienses en ti, piensa en Thiago, todavía es un niño. Cuando Araceli y Sebastián conspiraron para secuestrarlo, casi pierde la vida. ¡Es tu sangre, tu familia! ¡Algo así no se puede perdonar tan fácil!
Jorge sabía que, hoy por hoy, Sebastián ocupaba un lugar muy importante en el corazón de Sabrina. Incluso si sumaba su propio peso al de André, probablemente no igualarían la importancia que él tenía. Por eso, sacó a relucir a Thiago.
No hay madre que no ame a su hijo. En el pasado, Sabrina había soportado tanto y cedido tantas veces por Thiago, lo cual demostraba que el lugar del niño era único e intocable.
Jorge le estaba recordando a Sabrina que Sebastián casi mata a Thiago.
Sin embargo, Sabrina parecía no escuchar la voz de Jorge. Seguía mirando fijamente a Sebastián.
—¿O sea que todo lo que sufrí en el pasado fue solo diversión para ti? ¿Mientras peor me iba, más te divertías?
Sebastián guardó silencio un momento.
—Sí.
La respiración de Sabrina se volvió temblorosa. En ese instante, su mente se convirtió en un caos absoluto.
Desde que llegó a Chile, no se había sentido así. Su cuerpo se tambaleaba; si André no la estuviera sosteniendo, probablemente habría caído al suelo. Cuanto más había confiado en Sebastián, más inaceptable le resultaba este momento.
Tenía muchas cosas que quería preguntarle. Pero al abrir la boca, descubrió que su mente estaba completamente en blanco.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada