Sabrina se quedó intrigada.
—¿Una excelente noticia?
—Es posible que tu mano tenga arreglo —respondió él con una sonrisa.
Sabrina se quedó pasmada, pensando que había escuchado mal.
—¿Cómo dice, Hernán?
Hernán se lo repitió sin dejar de sonreír:
—Sabrina, tienes un sesenta por ciento de probabilidades de recuperar tu mano.
Un sesenta por ciento era muchísimo. Sabrina apretó los dedos instintivamente.
—¿Está seguro, Hernán?
—¡Ay, por favor! ¿Cuándo te he mentido, muchacha? —dijo él, medio indignado.
—¿Descubrió algún tratamiento nuevo? —preguntó ella.
Hernán se aclaró la garganta.
—Ejem, no... ese tipo de cirugías no son mi fuerte. Sin embargo, encontré a un especialista buenísimo en el tema. Revisó tu caso y dice que hay un sesenta por ciento de posibilidades. ¿Cuándo tienes tiempo, Sabrina? Para que te des una vuelta por mi clínica y te hagamos unos estudios más completos.
¡Que Hernán hubiera encontrado a un especialista capaz de curar su mano! Era toda una sorpresa para Sabrina, pero al mismo tiempo tenía lógica. Siendo Hernán un médico tan prestigiado, era normal que tuviera contactos de primer nivel.
Sin embargo, de la nada, se le vino a la mente Ulises. Él también le había dicho que había conseguido un doctor que podía arreglar su problema.
—Ahorita ando en Chile —le explicó Sabrina—, pero seguro ya estoy de regreso la próxima semana.
—Va. Me echas un grito en cuanto llegues.
Tras colgar, Hernán se dio la media vuelta y fulminó con la mirada al joven y gélido hombre que estaba a sus espaldas.
—De haberlo sabido, ¿para qué tanto teatrito? Cuando le destrozaste la mano a Sabrina quemaste todos tus cartuchos, y mírame ahora: acabaste lisiado y casi te cuesta la vida. Le consigues al doctor que la puede curar y ni siquiera tienes los pantalones para dar la cara por miedo a que te mande a volar. Dime tú, Ulises, ¿a poco no te lo ganaste a pulso?
Ulises tenía un semblante enfermizo y pálido. Sebastián le había metido un tiro, luego se había caído al mar y cuando lo rescataron ya estaba en las últimas; de milagro no se había muerto.
Llevaba un buen rato en recuperación, y en cuanto tuvo fuerzas para caminar, se movió para contactar al especialista de la mano de Sabrina.
Aunque Ulises ya lo tenía todo cuadrado, no estaba seguro de si Sabrina aceptaría tratarse con un médico recomendado por él. Así que recurrió a Hernán. Si había alguien en quien Sabrina confiara a ciegas, era él.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...