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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1557

Daniela había acompañado a Sabrina en las carreras durante un tiempo, así que podía reconocer fácilmente que esas llaves no eran solo de autos de lujo normales, sino también de muchos superdeportivos.

Daniela contó con cuidado y descubrió que había al menos cien llaves.

De repente recordó que, al entrar al castillo, le pareció ver una fila de garajes enormes en la parte trasera, con una altura de al menos cinco pisos. ¿Sería ese el estacionamiento?

Ay, la pobreza limitaba su imaginación.

Después de ver la segunda habitación, Daniela corrió impaciente a la tercera.

Esta vez, se quedó paralizada en la puerta, incapaz de dar un paso más.

Aunque Sabrina no estaba tan eufórica como Daniela, al verla congelada, preguntó:

—Daniela, ¿qué pasa?

La expresión de Daniela pasó del asombro a una mezcla de emociones complejas. Se hizo a un lado y le dijo a Sabrina:

—Sabrina, mejor entra tú primero.

Sabrina miró a Daniela y entró.

Sin embargo, al ver los objetos en la habitación, también se quedó estupefacta.

Daniela en realidad no sabía bien qué estaba diciendo. Solo hablaba bien de Sebastián por instinto. No solo por él, sino porque podía sentir claramente la tristeza y el dolor de Sabrina.

Sabía que el corazón de Sabrina debía estar en un conflicto terrible. Para ella, esto era una tortura. Si Sebastián hubiera sido como Ulises, que solo le dio daño, Sabrina no se sentiría tan mal. Pero la ayuda que Sebastián le brindó fue algo que nadie, ni siquiera ella, podría haber logrado o reemplazado.

No solo Sabrina; hasta a Daniela le dolía el corazón al pensarlo. A veces, el tormento psicológico no es más fácil de llevar que el físico.

Cuanto mejor se portaba Sebastián con Sabrina, más doloroso era el golpe de la verdad.

Daniela bajó la voz:

—Sabrina, en el fondo Hache no es tan malo como dice... Mira, una vez le diste los regalos de cumpleaños de los últimos veinte años. Como recompensa, él te regaló un castillo entero lleno de obsequios. Ese supuesto «amor verdadero» no era tan importante para él, pero aun así, porque escuchó esa melodía que le alivió el dolor de cabeza, estuvo dispuesto a ayudar... Aunque ayudar a Araceli fue su capricho cruel, creo que... si Araceli no lo hubiera engañado, Hache seguramente no habría jugado con ella.

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