Sabrina dio unos pasos al frente, bloqueando a Sebastián, y le dijo:
—Hache, ¿escuchaste el ruido de algún animal?
Con la complicidad que tenían tras tanto tiempo, Sebastián entendió de inmediato. Miró a Esteban con una sonrisa significativa y dijo:
—Quizás se le escapó el perro a alguien. Sabrina, si un perro anda suelto sin correa y ladrando a lo loco, aunque lo maten a palos, ¿no crees que se lo buscó?
Esteban entendió perfectamente la indirecta.
Señaló a Sebastián y rugió:
—¿A quién le dices perro? ¡Atrévete a decirlo otra vez!
Sebastián sonrió.
—Hablamos de animales, no de ti. ¿Por qué te alteras tanto, Esteban? ¿Acaso tu perro se escapó y lo mataron por andar mordiendo a la gente?
Esteban, que ya era de temperamento explosivo, no pudo soportar la burla tan directa. Agarró a Sebastián del cuello de la camisa.
—Tú, hijo de p…
Antes de que pudiera terminar, el elevador hizo un «ding» y las puertas se abrieron lentamente. Los accionistas y altos ejecutivos de la empresa, enterados de la inminente firma, esperaban sonrientes frente al elevador para recibir a la «mina de oro» que traía beneficios al Grupo Ramos.
Sin embargo, al ver la escena dentro del elevador, todos se quedaron de piedra.
Esteban tenía agarrado del cuello a la «mina de oro» con intenciones de golpearlo. A todos se les fue el alma a los pies del susto.

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