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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1768

Ulises le dirigió una mirada profunda y asintió:

—Está bien.

Poco después, el médico llegó para examinar a Ulises.

Sonriendo, el doctor comentó:

—La señorita Ibáñez ha cuidado muy bien al señor Hoyos durante este tiempo. La herida ha cicatrizado perfectamente. Sin embargo, todavía debe evitar los ejercicios intensos.

Ni Sabrina ni Ulises dijeron nada.

Al notar el ambiente incómodo, el médico tosió ligeramente y buscó una excusa para marcharse.

Al salir, el doctor se quedó pensando extrañado. El ambiente entre esos dos era rarísimo; no parecían una pareja en lo absoluto.

Cuando el médico se fue, Sabrina preguntó:

—Ya tengo listos tus regalos. ¿Cuándo quieres celebrar tu cumpleaños?

Ulises guardó silencio unos segundos.

—Dentro de tres días.

Sabrina frunció el ceño. Tenía muchas ganas de festejarlo mañana mismo y largarse de inmediato.

Pero como Ulises ya había dado una fecha, Sabrina no quiso discutir por una diferencia de dos o tres días.

Ella asintió, dijo que estaba bien y se dio la vuelta para irse.

Tres días después, Sabrina se levantó temprano para preparar todo lo necesario para el cumpleaños.

En cuanto a cocina y estética, las habilidades de Sabrina estaban prácticamente al máximo nivel. Hornear un pastel de cumpleaños no era ningún problema para ella.

Sabrina sabía por boca de Ulises que su cumpleaños real ya había pasado hace mucho. Esta celebración no era más que algo simbólico para reponerlo.

Sin embargo, Sabrina no tenía intención de hacerlo al aventón. Ella era así: ya que había aceptado, no veía el caso de arrepentirse o hacer las cosas a medias.

Sabrina lo tomó como si estuviera organizando un evento cualquiera. Dio instrucciones a los empleados para decorar la sala.

Este escenario no era muy diferente de los cumpleaños que Eva o Rocío le habían organizado en el pasado, y no se comparaba en absoluto con el de Sebastián.

Sin embargo, en ese momento, Ulises sintió una alegría plena.

Sabía muy bien que todo lo que tenía ahora era robado. Y lo robado, tarde o temprano, se tiene que devolver.

Este mes había sido para él como un sueño inalcanzable, fugaz pero hermoso.

Y ahora, su «pase de felicidad» estaba por expirar.

Caminó paso a paso hacia Sabrina. Aunque se acercaba físicamente, sentía que la distancia entre ellos se hacía cada vez más grande.

Ulises se sentó frente a Sabrina.

—Gracias por los regalos que preparaste.

Sabrina lo miró y decidió no decir nada que arruinara el momento.

Encendió las velas con forma de «30» y empujó el pastel hacia Ulises.

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