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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1882

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—¿C-cómo entraste? —preguntó Fidel por instinto.

La voz del hombre era clara y melodiosa, como un manantial.

—Caminando, por supuesto. Aunque... tengo que admitir que la seguridad de la familia Castaño es bastante estricta. Venir a verlo me hizo perder algo de tiempo.

Fidel ya sabía que Sebastián era un experto en combate; de lo contrario, Ulises no habría terminado como terminó.

Después de todo, Ulises había sobrevivido a un sinfín de tiroteos y masacres, y aun así no fue rival para él.

Como nunca lo había enfrentado en persona, no le había dado tanta importancia.

Pero ahora, al verlo infiltrarse sin levantar sospechas en su casa, burlándose de las cámaras y guardias de los Castaño, Fidel por fin sintió el verdadero peso de esa realidad.

—¿Qué es lo que quieres? —le espetó Fidel, clavando sus ojos en Sebastián.

Mientras tanto, una de sus manos se deslizó sigilosamente hacia la pistola oculta bajo el escritorio.

Sebastián lo miró y esbozó una leve sonrisa.

—Si quería saber más de mí, solo tenía que preguntarme. ¿Para qué usar intermediarios? Las investigaciones siempre terminan desviándose un poco de la verdad.

El rostro de Fidel se ensombreció; un mal presentimiento empezó a apoderarse de él.

—Sebastián, ¿a qué viniste exactamente?

—Fidel, ¿acaso no te gusta estar vivo? —dijo Sebastián—. ¿Por qué insistes en buscarte la muerte? Te he aguantado bastante solo por respeto a Hernán Castaño, ¿o de verdad creías que mi paciencia era eterna?

—Ya dejé un testamento —respondió Fidel con una sonrisa fría—. Si me pasa algo, tú serás el principal sospechoso. La familia Castaño no te dejará en paz, y mucho menos Hernán.

Sebastián soltó una risita.

—Hay que tener pruebas para hacer esas acusaciones. Creer que puedes incriminarme solo con un testamento es demasiado ingenuo.

»Para ser honesto, incluso si te matara ahora mismo, me aseguraría de que nadie encontrara ni una sola pista.

»Además, ya puedes dejar de presionar ese botón de pánico para ganar tiempo; el sistema de alarmas de tu despacho está desactivado desde hace rato.

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