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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1887

—¿Sebas?

—Mjum —respondió la silueta, y enseguida empezó a acercarse a paso lento.

Las luces y sombras jugaban sobre el hombre, dándole un aspecto sumamente lúgubre a su figura.

El corazón de Sabrina dio un vuelco. Esa extraña sensación volvió a apoderarse de ella.

—Sebas, ¿a dónde fuiste ahorita? —preguntó Sabrina.

Sebastián le tendió un vaso con agua.

—Fui a servirte agua por si despertabas con sed.

Sabrina tomó el vaso y le preguntó:

—¿A qué hora regresaste? ¿Por qué no me avisaste? Me diste un susto cuando te vi ahí parado en la puerta.

Sebastián la miró con una media sonrisa.

—Llegué poco después de que empezaras a hablar por teléfono. Lo que pasa es que estabas tan clavada en la plática que no me escuchaste tocar la puerta.

Los ojos de Sabrina parpadearon levemente.

Cuando Gabriel le dio la noticia de la desaparición de Fidel, su atención fue capturada por completo y no se percató de ningún ruido en la puerta.

Tal vez era por la poca luz de la habitación, pero los ojos de Sebastián parecían estar llenos de una niebla oscura, y la miraban fijamente, sin parpadear.

Bajo esa mirada tan intensa, Sabrina, por alguna razón, no se atrevió a sostenerle el contacto visual.

Para disimular su incomodidad, le dio un trago al vaso con agua.

Sebastián la observó en silencio.

—¿Vas a salir con Gabriel mañana?

Sabrina detuvo sus movimientos por un segundo y luego asintió suavemente.

—Sí, hace mucho que no lo veo.

Al decir eso, a Sabrina se le ocurrió algo y agregó:

—Sebas, si no tienes nada que hacer mañana, acompáñame.

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