Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 1896

Cualquier mujer podía tener un hijo, pero esa mancha en la reputación de Eva iba a ser muy difícil de borrar.

Sin embargo, por más que todos se opusieron, Ramiro estaba aferrado a hacerse responsable del bebé que Eva estaba esperando.

Al fin y al cabo, era una pequeña vida y la familia Valdés no era el tipo de familia a la que solo le importaran los negocios, así que al final tuvieron que ceder.

Pero tener una boda en grande como se planeaba antes ya era prácticamente imposible; de hecho, no solo era imposible, sino que iban a tener que mantener el matrimonio en secreto.

Al ver que la familia Valdés estaba dispuesta a recibir a Eva, Martín aceptó casi de inmediato esas exigencias que ni siquiera llegaban a la categoría de condiciones.

Durante el banquete, los miembros de la familia Ramos y de la familia Valdés se la pasaron intercambiando palabras corteses.

Todos, por un acuerdo no escrito, evitaron a toda costa tocar el tema del escándalo de la fiesta de compromiso.

En la comida, Ramiro se portó de lo más atento con Eva; no solo le sirvió agua, sino que hasta se encargó de ponerle comida en su plato.

Eva le daba las gracias con un tono suave. Se veían como si estuvieran perdidamente enamorados.

Ya cuando casi terminaban de comer, Martín y la familia Valdés sacaron el tema de formar una alianza comercial mucho más profunda.

Martín todavía no se retiraba y seguía siendo la máxima autoridad de la familia Ramos, así que para cerrar un trato tan grande e importante, él tenía que dar la última palabra.

Sabrina escuchó un rato, pero como no le interesó para nada, le echó una mirada a Estela.

Estela captó la indirecta y, poniendo cualquier excusa, se levantó de la mesa.

No pasó mucho tiempo antes de que Sabrina también apareciera en el jardín trasero.

—Estela.

Estela volteó y, al ver que Sabrina venía sola, se sorprendió un poco.

—¿El señor Fonseca no vino contigo?

Cuando Sebastián era el guardaespaldas de Sabrina, Estela podía llamarlo "Sebas" sin problema, pero ahora que sabía que él era el jefe de la familia Fonseca, ya no se atrevía a ser tan igualada con él.

—Tenía unas cosas que checar, fue a hacer una llamada —respondió Sabrina.

—Sabrina, cuando te cases, quiero apartar desde ahorita mi lugar como dama de honor —dijo Estela con una sonrisa.

Sabrina también sonrió.

—Por supuesto, no hay problema. Ya les tengo sus lugares guardados.

Hablando del tema de las bodas, a Sabrina se le vino algo a la cabeza y preguntó:

—Oye, Estela, ¿la familia Valdés te sigue insistiendo con eso de los matrimonios arreglados?

Al escuchar esa pregunta, la sonrisa se fue borrando poco a poco de la cara de Estela.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada