—En unos años, después de que la vida te dé unas cuantas lecciones, ya no vas a ser tan ingenua.
...
Las puertas del elevador se abrieron poco a poco. Sabrina estaba a punto de entrar, cuando vio que una figura salía disparada de adentro.
—¿Daniela Blasco? —Sabrina la miró sorprendida—. ¿A dónde vas tan apurada?
En ese instante, una silueta alta y delgada también salió del elevador.
Sebastián intervino:
—Daniela intentó llamarte varias veces, pero nunca pudo contactarte. Así que rastreó tu carro, vio que seguía parado en el mismo sitio y se preocupó por ti. Ya íbamos a salir a buscarte.
Daniela, al ver que Sabrina estaba bien, por fin respiró tranquila.
—Me enteré de lo de tu cuadro y quise llamarte para contarte... pero tu celular nunca contestó. Con la lluvia tan fuerte allá afuera, de verdad temía que te hubiera pasado algo.
Sabrina sacó su celular y apenas entonces notó que, quién sabe desde cuándo, se había quedado sin batería y se apagó.
Había estado tan ocupada últimamente que, entre tanto pendiente, la noche anterior olvidó ponerlo a cargar.
—Estoy bien —explicó Sabrina—. Lo que pasó fue que mi carro se descompuso a mitad de camino.
Sebastián observó la chaqueta que Sabrina llevaba sobre los hombros.
—¿Y cómo hiciste para regresar?
Sabrina no ocultó nada.
—Me encontré a André y Araceli en el camino.
Les resumió lo ocurrido en pocas palabras.
Daniela gruñó en voz baja:
—Qué mala suerte.
Luego, apurada, le dijo:
—Sabrina, súbete a darte una ducha, no vaya a ser que te enfermes.
—Va.
Ya en el estudio, Sabrina empujó la puerta de su área de descanso, buscó ropa limpia y se fue a bañar.
Cuando salió del baño, encontró una taza humeante de té de jengibre sobre la mesa.
Sintió un calorcito en el pecho.
Daniela siempre tan atenta.
Sabrina bebió el té de un trago y, poco a poco, el cuerpo se le fue calentando.
Daniela asintió y le pasó unos papeles.
—Sabrina, checa esto. ¿Es tu cuadro?
Sabrina tomó los documentos, los revisó y sus ojos se iluminaron.
—Sí, es ese. ¿Dónde está ahora?
—Ese cuadro se subastará el próximo fin de semana —dijo Daniela.
—¿Subasta? —Sabrina quedó atónita—. ¿Cómo acabó en una subasta?
Daniela le pasó otro papel.
—Mejor léelo tú misma.
Sabrina bajó la mirada, leyó la hoja y su expresión se transformó en asombro.
...
En las oficinas del Grupo Castaño.
Nicolás irrumpió emocionado en una oficina.
—¡Tío, ya tenemos noticias del cuadro que estabas buscando!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...