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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 610

Sí que fue toda una sorpresa.

Fabián volteó hacia donde estaba Fidel y preguntó:

—¿Dónde se metió Fidel? Ya empezó la subasta y él sigue sin aparecer.

Jorge, recordando cómo Fidel había terminado empapado, respondió:

—Seguro fue a cambiarse de ropa.

—¿Qué? ¿Se fue a cambiar? —Fabián abrió los ojos, escandalizado—. Primero acosa a la chica, ¿y todavía tiene tiempo de cambiarse? No me digas que…

Fabián se quedó pensativo, con una expresión difícil de describir.

—¿No será que se ensució los pantalones? ¡No puede ser! Y yo que creía que era un galán, ¿cómo puede ser tan asqueroso?

Se llevó la mano a la cabeza.

—Dios mío, ya no puedo verlo igual.

—Jorge, dijiste que aunque lo golpearon no se fue, y hasta le pidió que lo recordara… No manches, ¿no será masoquista? ¿Le gusta que lo maltraten o qué?

Mientras más hablaba Fabián, más exageradas se volvían sus ideas.

Los que estaban sentados cerca, al escuchar a Fabián hablar como si hubiera visto todo con sus propios ojos, no pudieron evitar voltear a verlo.

Un par de personas comenzaron a murmurar en voz baja.

—¿Así que Fidel es de ese tipo? ¡Qué asco!

—La hija de mi comadre está clavadísima con Fidel… No, esto tengo que contárselo, no puedo dejar que caiga en esa desgracia.

—¿En serio se atrevió a hacer eso en un evento tan formal? ¿No es demasiado?

—Tú qué sabes, hay gente que busca emociones fuertes.

...

Cuando Fidel terminó de cambiarse y regresó al salón, la gente que seguía pujando detuvo sus ofertas de repente.

El ambiente se tensó en un instante.

Fidel frunció el ceño, sin comprender del todo lo que pasaba.

Pero a él ya le tenía sin cuidado ser el centro de atención; estaba acostumbrado a que todos lo miraran.

Sin inmutarse, volvió a sentarse en su lugar.

A su lado, Eva, Rocío Hoyos y Nicolás también tenían caras largas.

Ellos ya se habían enterado de lo sucedido hacía poco.

—Eva, mira, lo que pasó es que… el abuelo quería que mi tío y Sabrina se conocieran para ver si surgía algo entre ellos. Mi tío no pudo negarse y aceptó verla.

—Por eso no fue a tu carrera de carros aquel día, fue por eso.

Eva se quedó atónita.

—¿Hernán quería emparejar a Fidel con Sabrina?

Aunque Fidel era el tío de Nicolás, Eva seguía llamándolo por su nombre.

Cuando se conocieron en el mundo de las carreras, ninguno sabía quién era el otro, y Eva siempre había usado su nombre de pila.

Fidel esbozó una mueca cargada de ironía.

—Esa mujer es más astuta de lo que parece.

Se giró hacia Eva, su voz tenía un matiz de advertencia.

—Nico te dijo antes que a Sabrina le encanta quitarte lo que es tuyo y tú no le creías.

Le sostuvo la mirada.

—¿Ahora sí me crees?

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