—No digan que Malcolm es arrogante, el tipo sí tiene con qué respaldarlo. Si alguien cree que puede, pues que lo derrote y le cierre la boca.
—Y si no puede, que se quede calladito y viva tranquilo. Que un genio se dé ciertos aires no está mal, ¿o sí?
—¡Tal cual! Si yo fuera un genio, también me agrandaría— soltó otro, entre risas.
Las opiniones sobre Malcolm se dividían: unos lo admiraban, otros lo criticaban, pero ni uno solo dudaba de su talento.
Tampoco había nadie que creyera que Sabrina pudiera derrotarlo.
Marcelo se acercó a Sabrina y le susurró:
—Sabrina, no tienes que aceptarlo. Ustedes ya cumplieron la apuesta, no has roto ningún acuerdo.
Malcolm, al ver la escena, lanzó una sonrisa burlona.
—¿Qué pasa, Sabrina? ¿No que ibas a vengar a tu mamá y a tu compañero? ¿Ahora sí te da miedo?
—Sabrina, ni siquiera tienes la mitad del valor que tenía tu mamá en sus días. No es raro que sigas siendo una novata— la picó con malicia.
Marcelo lo encaró, con la voz cortante:
—¡Malcolm, qué bajo! Tú, que fuiste contemporáneo de mi maestro, ¿no te da vergüenza retar así a una nueva generación?
Malcolm le respondió, con ese tono sarcástico que tanto lo caracterizaba:
—Señor Blanco, ahí sí que no concuerdo. La música no entiende de fronteras ni de edad.
—Muchos veteranos del medio también me han retado, y nunca me rajé solo porque fueran mayores que yo.
Hizo una pausa, dejando que sus palabras calaran en el ambiente.
—Solo los que no tienen talento usan esas excusas para no enfrentarse— remató, despectivo.
Marcelo intentó replicar, pero Sabrina le tomó la mano, deteniéndolo.
Sabrina miró a Malcolm directo a los ojos.
—Si la apuesta es entre tú y yo, no veo por qué tengamos que meter a nadie más, ¿cierto?
Luego, se giró hacia el presentador.
—Ya que todos los duelos terminaron, que se arme una ronda extra. El que quiera ver, que se quede; el que no, puede irse. No vamos a hacerle perder el tiempo a nadie.
A nadie le apetecía perderse el espectáculo. Pagaron una entrada y podían ver dos shows. Nadie se movió de su asiento; al contrario, aplaudieron emocionados.
Los jueces intentaron varias veces detener el asunto, pero Malcolm los frenó enseguida.
—Si hasta Sabrina aceptó el reto, ¿ustedes por qué se meten? ¿Acaso no confían en su propia representante?
Las miradas de los jueces hacia Sabrina se llenaron de frustración.
—Ay, Sabrina, no deberías haber aceptado. Este tipo lo hace a propósito— murmuró uno.
—Si llegas a perder, ¿qué vamos a hacer? Eres la única que nos puede dar una alegría en el torneo internacional de este año— lamentó otro.
Entre el público, Sebastián veía todo esto y se inclinó hacia Daniela.
—¿Nos movemos ya?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...