Sebastián guardó silencio unos segundos antes de responder, con voz suave:
—No, en realidad… me sentí bastante contento.
A pesar de sus palabras, Sabrina no lograba ver ni una pizca de alegría en el rostro de Sebastián.
Era un asunto personal, así que no le correspondía meterse demasiado, pero recordando que Hache la había salvado muchas veces, sentía que tampoco podía hacerse la desentendida.
Al final, decidió preguntar:
—Hache, ¿acaso recordaste algo?
Parecía que solo había una explicación para el cambio tan extraño de Sebastián: había recuperado algún recuerdo.
Las manos de Sebastián, que sostenían el volante, se tensaron apenas un instante.
—Algo así —murmuró.
—¿Puedes platicarme? Tal vez te pueda dar un consejo… Bueno, si no quieres, no pasa nada.
El silencio llenó la cabina del carro, tan espeso que hasta el aire se sentía inmóvil.
Sabrina pensó que Hache no quería hablar y optó por no insistir. Giró la cabeza hacia la ventana, observando cómo el paisaje nocturno pasaba volando, mientras en su mente revoloteaba el tema del torneo internacional.
Entonces, la voz clara y serena de Hache rompió el silencio, tan fresca como un arroyo en medio de la noche.
—Encontré a la persona que llevaba tanto tiempo buscando.
Sabrina lo miró sorprendida. El rostro de Sebastián, iluminado a ratos por las farolas del camino, parecía aún más enigmático bajo aquellas luces intermitentes.
Sin poder evitarlo, la imagen de Rocío apareció en su mente.
Conteniendo la curiosidad y las ganas de saber más, Sabrina replicó:
—Eso suena bien, ¿pero por qué te veo tan apagado?
La noche parecía guardarse muchos secretos, y hasta la voz de Hache sonaba distinta, lejana, opaca, como si el brillo de siempre se hubiera esfumado y solo quedara una sombra de tristeza.
—Su música me tranquilizó de una forma que no esperaba. Llevaba meses sin poder dormir bien, pero cuando la escuché tocar, por fin pude descansar. Cuando desperté y quise buscarla, ya se había ido. Después, la vida me absorbió en otras cosas. Cuando al fin tuve tiempo para buscarla de nuevo, había pasado tanto tiempo que ya no era tan fácil encontrarla.
Al escuchar aquello, Sabrina comprendió que Hache realmente podría haber recuperado la memoria.
—Entonces… ¿nunca la encontraste? —preguntó, con el corazón encogido.
Pero Sebastián negó con la cabeza y, tras una breve pausa, soltó:
—No, la encontré rápido. Pero…
Hizo una pausa y cambió el tono:
—Resultó que era una impostora.
Sabrina no pudo evitar sorprenderse:
—¿Impostora? ¿Te engañó esa persona?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...