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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 895

El desagradable chorro de saliva cayó justo en la cara de Eva, quien siempre había sido obsesiva con la limpieza.

Eva quedó completamente paralizada.

En ese instante, sintió que la sangre de su cuerpo se volvía hielo, como si la hubieran lanzado de golpe al corazón de una nevada. Sus dientes castañeaban sin control.

Pero, más que la sensación pegajosa y asquerosa en su piel, lo que de verdad la destrozaba eran esas miradas de desprecio, el desdén que la rodeaba.

Las noticias entre los participantes del concurso se esparcían como pólvora.

Especialmente cuando se trataba de alguien tan visible como Eva.

La gente se agrupaba en pequeños círculos, lanzándole miradas que le rasgaban el alma, igual que agujas que se le clavaban bajo la piel.

Las voces se alzaban en susurros venenosos.

—No puede ser, entonces ella es la hija ilegítima, ¿no? Yo pensé que era la heredera de la familia Ramos.

—A estas alturas, ya no sorprende que existan hijas fuera del matrimonio, pero jamás había visto una que anduviera tan campante, como si nada.

—Pues sí, la mayoría lo esconde, no quieren que nadie se entere. Les da miedo que los demás los miren por encima del hombro.

—Pero ella... No solo se pone el título de la primera dama de la sociedad, ¡hasta sale en la tele presumiendo!

—¿Primera dama? —se rio una chica cerca—. Nunca había oído que una hija fuera del matrimonio fuera la primera dama.

—Y ni hablar de la mamá, qué descaro. Después de salvarle la vida a un tipo, lo esconde. Los fans de Eva todavía le echan la culpa a la amnesia de Martín y dicen que la mamá de Eva ni sabía que el otro ya tenía esposa.

—¡Por favor! En ese entonces hasta en la plaza del pueblo había carteles de “Se busca”, en la radio, la tele, los periódicos y hasta en la puerta del mercado de mi barrio.

—¡Exacto! Hasta yo me enteré de ese escándalo. ¿Quién puede creerse que la señora no supiera nada? Eso no se lo cree nadie.

—Me puse a buscar notas viejas y este Martín sí que era un patán. Cuando era joven, andaba exhibiéndose con la supuesta “verdadera” en todas partes.

Desde pequeña, destacaba por encima de los demás: posición social, belleza, inteligencia. Era el tipo de persona que despertaba envidia y admiración.

Nunca, jamás, la habían humillado así.

De manera automática, se mordió el labio, el color desapareció de su cara y empezó a tambalearse, al borde del desmayo.

Siempre se había mantenido firme, nunca se permitía mostrar debilidad ante los demás, pero esa vez, sus ojos se tornaron rojos, a punto de soltar lágrimas.

—¡Paf!— Una botella de jugo voló directo hacia ella.

La tapa había quedado mal cerrada y, al impactar, el líquido se desparramó por su cara y su ropa.

Por unos segundos, el cerebro de Eva no pudo reaccionar. Era como si el mundo entero se hubiera quedado en silencio, incapaz de procesar lo que acababa de pasar.

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