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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 901

Rocío echó un vistazo a las pinturas que colgaban en la pared.

Para su sorpresa, notó que todas llevaban la firma de Summer.

Reconoció un par de ellas: también las había visto en la casa de los Hoyos, en el despacho de su hermano mayor. Recordaba que llevaban años colgadas allí, aunque nunca les prestó mucha atención. No era experta en arte y, en su momento, solo les dio una mirada superficial antes de seguir con lo suyo.

Ahora, en el despacho de Ulises, se encontró de nuevo con “Noche”, la pintura que ella y Eva habían visto en la subasta. Esta vez, se detuvo a observarla con detenimiento.

Jamás imaginó que Ulises hubiera traído consigo las obras que antes decoraban la casa familiar de los Hoyos. Eso solo podía significar una cosa: Ulises sentía un aprecio muy especial por esas pinturas.

Siempre que se tocaba el tema de algo que le interesaba, Ulises, normalmente reservado, se soltaba un poco más. Incluso su habitual aire sombrío parecía disiparse.

—La primera vez que vi una pintura de Summer —empezó Ulises, con los ojos clavados en el cuadro—, supe que esa persona llegaría lejos. En ese entonces, apenas era un artista emergente, sus obras no costaban tanto.

Por esos años, Ulises todavía no ocupaba el puesto de cabeza en la familia Hoyos. El dinero que tenía a la mano era limitado, así que no le alcanzaba para adquirir piezas de artistas reconocidos.

—A los que nos gusta la pintura, es casi imposible resistirse a coleccionar —continuó—. Yo no era la excepción. Pero, aunque llevaba la sangre de los Hoyos, no me tomaban en cuenta. Más bien, vivía bajo la sombra y las humillaciones. Mi vida era peor que la de cualquier persona común.

Le gustaban los cuadros, pero no podía comprarlos. Y los que sí podía costear, simplemente no le llamaban la atención.

—Por suerte, esa vez encontré una obra de Summer que me gustaba y que, además, no era tan cara. Así que me la llevé.

A partir de entonces, cada vez que Summer vendía alguna pintura, Ulises procuraba ser el primero en comprarla. Pero después, cuando comenzó a pelear por su lugar en la familia, el arte pasó a segundo plano. No tenía tiempo de seguir el rastro de los cuadros.

Solo hasta que logró sentarse en la silla principal de los Hoyos, se dedicó a buscar las obras de Summer por todos lados. Para su desgracia, no quedaban muchas circulando y, al parecer, hacía años que el artista no producía nada nuevo.

Al escuchar esto, Rocío por fin entendió por qué su hermano mayor valoraba tanto esas pinturas. Summer había estado presente con sus obras durante la etapa más dura de Ulises; lo acompañó en silencio cuando más lo necesitaba.

—A Eva también le gustan mucho los cuadros de Summer —comentó Rocío—. De hecho, me dijo que algún día le gustaría conocerlo y platicar sobre arte.

La voz de Ulises sonó grave, con un dejo de pesar en la mirada.

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