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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 962

Sabrina les dirigió una sonrisa pálida a los dos, apenas dibujada en su cara.

—La participación inicial que me dejó mi madre está a punto de liberarse. En cuanto eso pase, tendré derecho a entrar al Grupo Ramos y participar en las decisiones importantes de la empresa.

El semblante de Federico cambió en un instante, y soltó casi sin pensar:

—Pero tú no sabes nada de negocios. ¿Vas a entrar a decidir así nada más? ¿No es una locura?

Sabrina no perdió la calma.

—No te preocupes, lo que no sé lo puedo aprender.

Federico insistió, con el ceño fruncido:

—Eso de los negocios no se aprende de la nada, no es tan sencillo, tú...

Antes de que pudiera terminar, André lo interrumpió desde el otro lado.

—Si ella no sabe, yo puedo enseñarle. Escuché a Daniela decir que Sabrina no solo es excelente con el violín, también siempre ha sido la mejor en la escuela. Con lo lista que es, si alguien la guía, en un año domina lo básico y lo importante del mundo empresarial, sin problema.

Sabrina miró la cara seria de Federico y esbozó una sonrisa serena.

—Mi plan era esperar a terminar la competencia y luego fijar la fecha con mi papá para la reunión familiar. Pero como me lastimé la mano, tengo que recuperarme primero. Este mes no va a poder ser.

Se quedó pensando un momento y agregó:

—¿Qué tal si lo dejamos para el próximo mes? Justo el día que liberen la participación inicial, regreso con la familia Ramos. Así podemos celebrar dos cosas al mismo tiempo.

Federico quiso decir algo más, pero Martín lo detuvo con una mirada.

Martín sonrió y dijo:

—Si Sabrina lo tiene decidido, no hay ningún problema.

—Listo, entonces así quedamos —afirmó Sabrina, con un dejo de alivio.

Cuando terminaron de hablar del tema, Martín se acercó a Sabrina, le preguntó cómo se sentía y le deseó pronta recuperación antes de salir del cuarto con Federico.

Apenas salieron del hospital, Federico por fin se animó a hablar, aunque no podía ocultar la molestia en su voz.

Portugal, unidad de cuidados intensivos.

Tras el largo y angustioso rescate, Ulises estuvo en coma tres días y tres noches antes de despertar por fin.

Rocío no se separó ni un momento de su hermano. Cuando vio que abría los ojos, la emoción le iluminó la cara.

—¡Hermano, despertaste! Voy a llamar al doctor.

Rocío estaba a punto de salir cuando Ulises, de repente, la sujetó del brazo con fuerza.

—Fue él... —la voz de Ulises, ya de por sí rasposa, sonó aún más áspera y quebrada tras el accidente.

Rocío se quedó desconcertada:

—¿Qué estás diciendo, hermano?

En los ojos de Ulises se encendió una chispa de rencor.

—Lo vi... fue él quien intentó matarme... ¡fue Sebastián!

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