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La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 963

Rocío se quedó paralizada un momento, y casi sin pensarlo soltó:

—Hermano, ¿no crees que estás entendiendo mal las cosas? Hache no tiene ningún problema contigo, ¿por qué intentaría matarte?

La voz de Ulises sonó como si le costara cada palabra, casi escupiendo las sílabas entre dientes.

—Lo hizo por Sabrina.

—¿Por Sabrina? —Rocío escuchó aquello y no pudo evitar soltar una risa incrédula—. Hermano, la verdad creo que sí estás malinterpretando a Hache. Hace poco, en su familia hubo un asunto grave, y Hache tuvo que regresar de emergencia a solucionarlo.

He escuchado a gente cercana a los Fonseca decir que apenas hace un par de días se tranquilizó todo el lío en su familia. ¿Tú crees que iba a tener tiempo para venir a buscarte?

Y además, tampoco tiene ningún motivo para meterse contigo.

Ulises nunca se imaginó que su hermana, quien siempre le había creído sin cuestionarlo, ahora inclinara la balanza hacia un extraño. Eso lo hizo enfurecer aún más.

—¿Acaso piensas que te estaría mintiendo?

Rocío le respondió con calma:

—Hermano, tanto Eva como yo revisamos a detalle los videos de vigilancia del evento de la firma. El atacante estaba justo enfrente, a tres edificios del lugar, y usó un rifle de francotirador.

El evento era con el presidente de Portugal. Había mucha gente, sí, y lo estaban transmitiendo a todo el mundo, pero para entrar, los controles de seguridad eran durísimos.

No podías pasar ni con un cuchillo, mucho menos con un arma.

Los controles eran incluso más estrictos que los del aeropuerto.

Hasta los edificios cercanos fueron revisados y bloqueados, todo para evitar un ataque de este tipo.

Rocío continuó, con la mirada clavada en su hermano:

—Para hacer algo así, solo un asesino profesional de alto nivel podría lograrlo… Y Hache, la verdad, no creo que tenga esas habilidades.

Como si se le ocurriera algo de pronto, Rocío añadió:

—Además, Hache me ve como su amor verdadero. ¿Por qué querría hacerle daño a mi hermano?

Ulises intentó replicar, pero la rabia lo desbordó y empezó a toser con fuerza.

Su cara, ya pálida de por sí, parecía ahora hecha de papel.

Al verlo así, Rocío se alarmó y rápidamente presionó el timbre de la cama:

—¡Doctor! ¡Doctor!

Desde el pasillo, se escucharon pasos apresurados.

Carolina sintió que algo le oprimía el pecho.

¿Solo para la vida diaria? ¿Eso quería decir que ya no podría volver a tocar el violín?

En ese instante, Sabrina se volvió hacia Carolina.

—Carolina, tranquila. No pienso cerrar el estudio, así que tú puedes seguir trabajando ahí con toda confianza. Al final, este estudio es una de mis inversiones.

A Carolina se le hizo un nudo en la garganta y casi se pone a llorar.

Sabrina era única, una genio como pocas. ¿Así, tan de repente, iba a quedar fuera de la música?

Qué injusto. Qué doloroso.

Cualquiera que supiera lo que Sabrina valía, no podría evitar sentir lástima por ella.

—¿Quién fue? —Marcelo apretó los puños, los ojos enrojecidos de rabia—. ¿Quién te hizo esto?

Sabrina guardó silencio unos segundos, luego decidió que era mejor contarle todo a Marcelo.

—Fue Ulises. Ese tipo es despiadado, no le tiembla la mano para nada. Si alguna vez tienes que tratar con él, cuídate mucho.

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