Si Ulises no se hubiera marchado, Sabrina probablemente habría sufrido aún más.
Quizá hasta le hubieran dejado la otra mano inutilizada.
Daniela abrió los ojos como platos, mirando a Sebastián con asombro.
—Hache, ¿cómo supiste que Sabrina y yo estábamos en problemas?
Sebastián fue el último en llegar, así que Daniela pensaba que ni había tenido oportunidad de ayudar.
Sebastián sonrió, relajado.
—Si te digo que soñé que Sabrina estaba en peligro, ¿me creerías?
Ni Daniela ni Gabriel, y ni siquiera la propia Sabrina, le creyeron.
Daniela, siguiéndole la corriente, bromeó:
—¿O sea que tú y Sabrina tienen telepatía o cómo?
Viendo que nadie le creía, Sebastián no insistió más.
El ambiente se relajó un poco, y Daniela dejó de bromear, pero su expresión se tornó seria.
—¿Ustedes creen que Fidel desapareció así nada más? Algo raro hay ahí.
Gabriel y Sebastián cruzaron una mirada rápida, fingiendo indiferencia antes de apartar la vista al mismo tiempo.
Sebastián comentó con desenfado:
—Tal vez ya le tocaba pagar tantas que hizo.
Daniela resopló.
—La neta, fuera de Ulises ese loco, no se me ocurre quién más se atrevería a secuestrar al jefe de la familia Castaño.
Pero en el fondo, ni siquiera Daniela podía asegurar que fuera Ulises.
Gabriel, cansado del tema, cambió la conversación y se dirigió a Sabrina con preocupación.
—Sabrina, ¿cómo sigue tu mano?
Sabrina respondió tranquila:
—Hernán dice que nada más me queda hacer rehabilitación, ya puedo salir del hospital cuando quiera.
Gabriel asintió.
—¿Y cuándo piensas salir?
—En uno o dos días, yo creo.
—En cuanto a Romeo... aquí ya no le queda familia ni nada que lo ate. Si no te molesta, ¿podrías seguir cuidándolo un tiempo más?
Sabrina se quedó pasmada unos segundos, y después sonrió de vuelta.
—Por mí, encantada.
A un lado, Sebastián los observaba intercambiar sonrisas. Sus labios se apretaron en una línea, y un malestar inexplicable le revolvía el estómago.
Hacía mucho que no escuchaba a Sabrina tocar el violín. Eso le estaba desatando otra vez el insomnio que apenas había logrado controlar.
Antes, con solo poner una grabación, podía dormirse. Pero ahora, sin la presencia de Sabrina y su música en vivo, ni eso le funcionaba.
Todo por culpa de Ulises.
Su mirada se oscureció, y en el fondo de sus ojos se agitaba una sombra de rencor.
Le daban ganas de romperle cada hueso a Ulises y lanzárselos de comer a los perros.
Quería que Ulises experimentara en carne propia lo que era ser devorado poco a poco.
Cuando el insomnio lo atacaba, sentía que el dolor lo destrozaba. ¿Por qué Ulises iba a librarse tan fácil?
En ese momento, la mente de Sebastián ya había ideado mil formas de hacerle la vida imposible a Ulises.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada
Not to mention that the translation is flawed too, right!?...
Wow, what a joke! It's only released up to chapter 200, after which it's blocked, and then released again from chapter 1434 onwards. That's ridiculous!...