Entrar Via

La Guerra de una Madre Traicionada romance Capítulo 974

La sangre dentro de Sebastián hervía, como si un río desbordado recorriera sus venas.

Hacía tanto tiempo que no sentía ese deseo incandescente de eliminar a alguien, que la sensación le resultaba extraña y, a la vez, demasiado familiar.

—Hache, ¿Hache?

La voz de Sabrina, tan conocida y suave como agua fresca de manantial, lo devolvió de golpe a la realidad, disipando cualquier chispa de ira que amenazaba con prenderle fuego al alma.

De inmediato, Sebastián volvió en sí.

Sabrina lo observaba con atención.

—¿En qué pensabas, que te perdiste tanto?

Solo entonces Sebastián se dio cuenta de que Gabriel y Daniela ya no estaban. Gabriel se había marchado, y Daniela lo había acompañado a la salida.

—…No pensaba en nada —respondió Sebastián, todavía tratando de acomodar sus emociones.

Sabrina suspiró y le confesó:

—Ayer hablé con Hernán sobre tu problema de insomnio. Me dijo que tu insomnio probablemente tiene raíces psicológicas… —Sabrina eligió cuidadosamente sus palabras—. Si logras resolver esos asuntos internos, podrías superar el insomnio.

Sabrina había suavizado la noticia, pero recordaba perfectamente cómo lo había dicho Hernán, directo y sin rodeos, cuando hablaron en privado.

—Este muchacho carga con problemas muy fuertes en su mente. Yo puedo curar el cuerpo, pero la mente… no es lo mío.

Sabrina había prometido que intentaría ayudar a Sebastián con su insomnio. Sabía, en el fondo, que una de las razones por las que Sebastián había decidido quedarse a su lado era precisamente la esperanza de curarse.

En los días recientes, Sabrina había investigado mucho sobre el tema. Había leído que la musicoterapia era una opción real para tratar el insomnio.

Pero…

Bajó la vista y se quedó mirando sus propias manos. Una sombra de tristeza cruzó por sus ojos.

Ya no podía volver a tocar el violín.

El resentimiento, enterrado profundamente en su corazón, emergió como una serpiente silenciosa y pronto anidó en todos sus pensamientos.

Nunca había odiado tanto a alguien.

Ni siquiera a André, ni a Araceli Vargas, aunque el pasado aún le dolía.

—Hache, ¿has pasado por algo muy doloroso? Si quieres, puedes platicar conmigo. A veces, decir las cosas en voz alta ayuda.

Las pestañas largas de Sebastián temblaron como el aleteo de un colibrí.

—¿Y tú? —reviró él.

Sebastián casi nunca hablaba de sí mismo. Ni siquiera tras recuperar la memoria se abría del todo. Hasta ahora, lo único que los demás sabían era su nombre; el resto de su vida seguía siendo un misterio.

En ocasiones, Sebastián parecía un espectador silencioso, siempre tranquilo, pase lo que pase, como si nada lograra sacudirlo.

Daniela sentía una curiosidad enorme por el pasado de Sebastián. Y, por supuesto, Sabrina también.

Pero Sabrina jamás forzaba a nadie a hablar de lo que no quería contar.

—¿Yo? Mi pasado no es ningún secreto —respondió Sabrina, encogiéndose de hombros—. Si Araceli no hubiera aparecido, quién sabe, tal vez habría quedado enterrada para siempre en el cementerio de un matrimonio sin amor. Viéndolo desde otra perspectiva, hasta debería agradecerle a Araceli por darme la oportunidad de empezar de nuevo.

Sebastián la miró fijamente y, de pronto, preguntó:

—¿Y alguna vez has pensado en darte otra oportunidad en el amor?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Guerra de una Madre Traicionada