Al final de la conversación, Maribe suspiró y continuó: "El Sr. Solos ya casi tiene treinta años, y aunque usted es dos años menor que él, también ha llegado a la edad adecuada para casarse. Seguir posponiéndolo de esta manera no es la solución."
Al escuchar eso, un atisbo de preocupación pasó por el rostro de Mariana, pero rápidamente lo disimuló con una sonrisa y respondió: "La verdad es que estar a su lado me hace muy feliz."
Si él era feliz, ella también lo era.
A veces, amar era esperar, no necesariamente poseer.
Maribe replicó: "Aunque eso suene bien, no es del todo cierto. Todavía es joven. ¿No ha pensado qué hará cuando sea mayor? ¿Acaso no desea tener un hijo con el Sr. Solos y disfrutar de la felicidad familiar cuando sean viejos?"
"No puedo pensar tan lejos," respondió Mariana sonriendo. "Vamos adentro."
¿Quién sabía si mañana o un accidente llegaría primero? Mariana solo quería vivir el presente.
Al ver su actitud, Maribe no volvió a insistir y la siguió hacia adentro.
Al llegar a la recepción, Mariana pidió: "Quisiera saber en qué habitación está alojado el jefe."
Mariana solía hospedarse en este hotel y el personal de la recepción sabía que ella y Vicente eran amigos, por lo que le respondieron con respeto: "Srta. Mariana, por favor, espere un momento."
Un instante después, el recepcionista añadió: "Srta. Mariana, el jefe se aloja en la habitación C3008."
"Gracias," dijo ella antes de girarse para irse, pero entonces, como si recordara algo, añadió: "Ah, por cierto. Por favor, ¿podrían enviar un poco de jengibre y panela a la habitación A056?"
"Por supuesto," respondió el recepcionista asintiendo.
Curiosa, Maribe preguntó: "Srta. Mariana, ¿le duele el estómago? Tengo unos parches térmicos que alivian mucho el dolor, ¿le gustaría probar alguno?"
Mariana, que detestaba el jengibre, nunca había bebido esa infusión por mucho que le doliera el estómago. Pero desde que Vicente desarrolló su gusto por ella, Mariana se obligó a que a ella también le agradara.
Después de media hora preparando la bebida, ella la vertió en un termo y se dirigió a la suite de Vicente.
Parada frente a la puerta de Vicente, las palabras de Maribe resonaron en su cabeza, haciendo que su corazón latiera con rapidez.
¡Pum, pum, pum!
Mariana respiró profundamente, tratando de calmarse, y luego extendió la mano para presionar el timbre.
Un segundo después, la puerta se abrió desde dentro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Heredera del Poder
Buen dia, habia entendido que la novela era gratis, gracias 😊...
Buen dia...