—¿Eso es todo?
Delphine perdió el control y gritó, con la voz desgarrada por la rabia.
—¿Todavía no dan los resultados, Patrick, y tú ya das por hecho que el hijo no es tuyo?
Su furia se volcó en la mirada que le lanzó a Dan, como si pudiera destrozarlo con solo mirarlo.
Pero cuando volvió a ver a Patrick, esta vez… las lágrimas que asomaron en sus ojos eran de verdad.
Todo había ocurrido demasiado rápido.
La relación entre ella y Patrick se había desmoronado así, de la nada. Sin aviso. De repente, ya estaban hablando de hacer una prueba de paternidad.
Patrick, ante los gritos de Delphine, solo la miró con esa expresión impasible que tanta rabia le daba. El mismo tipo de mirada que Dan había descrito…
Mientras más escándalo armara Delphine, más claro quedaba que tenía algo que ocultar.
¿Cuál era su verdadero motivo? Quería impedir a toda costa que la prueba de paternidad se hiciera.
Había cinco personas de cada parte supervisando todo el proceso… Nadie, por muy hábil que fuera, iba a poder manipular ese informe.
En cuanto se llevaron las muestras de sangre, Delphine no dejó de llorar ni de gritar. Eso no hizo más que avivar la desconfianza de Patrick, sembrada desde antes.
Cada sollozo, cada queja, agrandaba la semilla de duda en su interior.
Así que cuando Delphine lanzó ese grito desesperado…
Patrick entrecerró los ojos, la voz cargada de amenaza:
—Esperemos a que salga el resultado, ¿te parece?
Habló despacio, cada palabra como una advertencia.
En la puerta ya se habían reunido varios guardaespaldas. Estaba claro que ni Delphine ni Cristian iban a poder salir de ahí sin armar un escándalo.
Y, de cualquier modo, a estas alturas, poco importaba si intentaban escapar o no.
Para Delphine y Cristian, el resultado de la prueba no iba a cambiar la realidad.
Pero mientras no saliera el resultado, ¿realmente podrían salir de ahí sin problemas?
Patrick había sido despiadado durante años, pero en el fondo, nunca pensó que llegaría a ser así con ella.
Antes, esa dureza suya estaba dirigida solo hacia esas dos mujeres y los hijos que tuvieron con él.
En ese entonces, Delphine se sentía feliz, protegida, como si Patrick la llevara en la palma de la mano.
Se sentía invencible…
Era la mujer consentida por el hombre más poderoso de Littassili. La colmaba de atenciones, de cariño.
Pero ahora…
Y los lobos odian la traición.
En ese instante, Delphine sintió que el mundo se le venía encima…
Su idea original era marcharse diciendo que se sentía decepcionada de Patrick.
Nunca pensó que él no la dejaría ir.
Él insistió en que ella y Cristian tenían que quedarse hasta que salieran los resultados.
Ese recuerdo oscuro seguía girando en su cabeza…
Y Delphine no podía evitar preguntarse si, cuando se revelara la verdad, ella sería capaz de salir de ahí.
Dan, al ver la expresión de Delphine desmoronarse poco a poco, se entretuvo con el espectáculo.
Encendió otro cigarro y aventó la cajetilla a Patrick.
—Para que te distraigas.
Patrick lo miró de reojo, con una expresión dura.
Dan soltó una carcajada:
—No me veas así, agarra uno. Te va a hacer falta, porque lo que viene es peor.

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