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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1064

Esteban tomó la mano de Isabel con un gesto lleno de ternura.

En estos días, él había hecho hasta lo imposible para mantenerla alejada de cualquier cosa que pudiera molestarla. Si algo tenía el potencial de enfurecerla, Esteban lo neutralizaba antes de que llegara a ella.

Pero ahora, ¿acaso estaba otra vez molesta?

Isabel resopló con fastidio.

—No pasa nada.

Decía que no era nada, pero por dentro, la rabia hacia Fabio ya le llegaba hasta el tope. Solo de recordarlo, sentía cómo se le encendía la sangre.

A ver si cuando la policía detuviera a Lavinia, seguía defendiendo a esa mujer con el mismo descaro. Fabio incluso se había atrevido a decir que el secuestro de Andrea era puro teatro, una farsa de la misma Andrea. ¡Qué coraje! Isabel ni siquiera podía imaginar qué clase de historias le había contado Lavinia a Fabio para que él le creyera semejantes cosas.

¡Pero él le creyó a Lavinia! Y no solo eso, ¡estaba convencido de que Andrea había fingido su propio secuestro!

Esteban le apretó suavemente la mejilla, como queriendo animarla.

—Si no estás enojada, ¿por qué tienes esa carita tan inflada?

Isabel volvió a resoplar.

—De verdad, no es nada.

Vanesa, sentada a la mesa, comía con un apetito feroz. Yeray tampoco se quedaba atrás. Desde que Vanesa había regresado de Littassili, ya no tenía náuseas ni mareos del embarazo, sobre todo cuando probaba la comida de la casa. Ahora sí podía comer de todo sin ningún problema.

Vanesa miró al mayordomo.

—A partir de ahora, quiero que siempre me prepares la comida.

—Por supuesto, señora.

—Y también la de Yeray.

El mayordomo asintió con una sonrisa amable.

Yeray le dio una mirada de reojo a Vanesa, pero no dijo nada. Sabía perfectamente que, en los próximos días, Vanesa iba a hacer la vida imposible a Solène y Rodolfo. Y la verdad, bien merecido se lo tenían. ¿Para qué se metían con la familia Allende? Era como buscarle tres pies al gato.

En ese momento, Solène seguramente seguía dándole vueltas en la cabeza a cómo recuperar el control total de la familia Méndez, sin tener idea de cómo fue que se le escapó de las manos. Al final, la clave estaba en el manejo del dinero: mientras Solène tuvo acceso a los fondos de la familia, pudo manipular fácilmente para conseguirle a Yannick el dinero para sus cirugías.

Esteban dedicó un buen rato a calmar a Isabel hasta que, al fin, ella empezó a sentirse mejor.

Vanesa ya estaba instalada en el sofá. Apenas Isabel se sentó a su lado, Esteban le echó una mirada a Yeray, y ambos se retiraron al despacho.

...

Ya a solas, Isabel y Vanesa empezaron a platicar en voz baja, casi como si compartieran secretos en la escuela.

—¿Y bien? ¿Cómo te fue anoche con la familia Méndez? ¿Conseguiste algo interesante?

Isabel no pudo evitar reírse.

—Por eso mismo, hay que ayudarle a mantener ese papel de “no busco nada”. Vamos a ver cuánto aguanta.

La molestia de Isabel de hace un rato ya se había evaporado. Ahora, mientras hablaban de Solène y Yannick, su sonrisa se volvía cada vez más traviesa y cómplice.

Vanesa le dio un golpecito cariñoso en la cabeza.

—Cuando estabas en Littassili, me pasé preocupada porque pensé que te iban a hacer daño.

—¿Preocuparte por mí? —Isabel hizo una mueca divertida—. Ni creas, si ustedes no regresaban a tiempo, yo también tenía un as bajo la manga para ellas.

Vanesa se animó de inmediato.

—¿A poco sí? ¿Cuál era ese as?

—Pues muy fácil: conseguirle una rival en el amor.

Vanesa se atragantó.

—¿Rival en el amor?

—Tal cual —Isabel asintió como pajarito—. Una joven guapa, de buen cuerpo, con piernas largas, piel clara, y que, en cuanto apareciera frente a Méndez, hiciera que Solène quedara totalmente opacada.

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