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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1072

Respirando agitadamente, Patrick miró directo a Carlos.

—¿Tú eres…?

Carlos soltó una risa baja y burlona.

—Nada mal… Su amor está construido sobre la sangre de otros. Así es como logran que su historia parezca más fuerte que el oro, más valiosa, más única.

Patrick se quedó sin palabras por un instante.

Al escuchar a Carlos, sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

Carlos insistió:

—¿Ya te acordaste?

Patrick no respondió. Pero, en el fondo, sí… sí que lo recordaba.

—¿Tú quién eres para él? —preguntó, la voz temblorosa.

Carlos se limitó a devolverle la pregunta:

—¿Tú qué crees?

¿Quién, si no un hijo o alguien muy cercano, arriesgaría tanto por vengar a un solo hombre, a toda una familia?

Carlos lo miró de reojo, con una dureza que lastimaba.

—No puede ser… En ese entonces, la familia Saunders… todos…

—¿Tú los eliminaste a todos, o no? —soltó Carlos, sin rodeos.

Patrick se quedó callado. Sus labios temblaban.

Carlos chasqueó la lengua, negando con la cabeza. El peligro en su mirada se intensificó.

—¿De verdad crees que tu Delphine era tan especial, que todos iban a enamorarse de ella? ¿Acaso creíste que cualquiera que se acercara a ella estaba sentenciado?

Carlos lo decía con un tono cargado de burla. La historia entre Patrick y Delphine siempre estuvo manchada de celos y obsesión. Patrick tenía una necesidad enfermiza de poseerla, y quien se acercaba demasiado, lo pagaba caro.

Sin embargo, el padre de Carlos nunca tuvo nada que ver con Delphine. Al final, igual terminó muerto por culpa de Patrick.

¿Y cómo desapareció la familia Saunders? Bastó con que Delphine, herida y al borde del colapso, encontrara refugio tres días en casa de la abuela de Carlos. Patrick asumió de inmediato que entre Delphine y el padre de Carlos había algo más.

El resultado fue inevitable: toda la familia Saunders terminó destruida por Patrick.

—¿Entonces vienes a vengarte? ¿Y lo de estar con Paulina también es por venganza? —gritó Patrick, fuera de sí.

En ese momento, los recuerdos le golpearon la cabeza. Ahora sabía perfectamente quién era Carlos. En su momento, fue el único niño de la familia Saunders al que dejó con vida. ¿Por qué? En ese entonces pensó que un niño jamás le traería problemas. Ahora veía lo equivocado que estaba. Su arrogancia terminó por dejarle una amenaza gigantesca.

Sentía la sangre hervirle por la rabia. Carlos lo observaba impasible, con una mirada gélida que no dejaba espacio para dudas.

Fue entonces cuando Paulina intervino.

—Oigan, si tienen un problema entre ustedes, arréglenlo. ¡No me metan en esto!

El mensaje era claro: mientras Lago Negro siguiera en manos de Patrick, estaba acabado.

Patrick no dijo nada más. Paulina tampoco.

Presionado por la presencia imponente de Carlos, Patrick se marchó, furioso, sin mirar atrás.

...

Ya solos, Paulina se cruzó de brazos y murmuró:

—Eres un desgraciado.

—Me estás juzgando mal, yo solo quiero ayudar a tu mamá —contestó Carlos, mientras la jalaba hacia él y la abrazaba.

Paulina se quedó rígida en sus brazos.

¿Ayudar a su mamá?

Sí… El conflicto entre Carlos y Patrick era una guerra a muerte. Carlos estaba dispuesto a acabar con Patrick, aunque eso implicara dejar sin aire a Lago Negro durante todo ese tiempo.

—Dime la verdad… ¿Sabes algo sobre mi mamá? —le preguntó, mirándolo a los ojos.

Carlos la miró fijo.

—Ella quiere recuperar Lago Negro.

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