—Ni idea de cómo la familia Espinosa te ha criado todos estos años. Se supone que eres la hija de la persona que les salvó la vida, ¿acaso te han hecho pasar hambre o te han dejado sin ropa? ¡Mira nada más cómo te tienen!
Fabio no dijo nada, pero apretó los puños en silencio.
Sus ojos se afilaron, llenos de amenaza, y enseguida sacó su cartera del bolsillo del abrigo. De ahí tomó una tarjeta y la arrojó, sin vacilar, justo frente a Mathieu.
—¡Toma! —espetó Fabio.
Mathieu se quedó boquiabierto.
—Con esta tarjeta, el Dr. Lambert podría comer toda su vida. Mejor que deje de comer por ahora, ¿no?
Mathieu apenas podía creerlo.
¿Así que lo estaba humillando porque pensaba que no tenía tarjeta?
Sin decir palabra, Mathieu dejó a un lado el cuchillo y el tenedor, sacó su propia billetera del bolsillo y la abrió. Sacó una pila de tarjetas y las dejó sobre la mesa.
—Aquí hay suficiente para comer varias vidas enteras.
El silencio se apoderó de la mesa.
Andrea los miraba a ambos, sintiendo la tensión que flotaba en el aire como si en cualquier momento fuera a estallar.
Mathieu miró a Fabio con burla.
—¿Acaso crees que eres el único con tarjetas? Fabio, si tu intención era humillarme con dinero, pues qué poco original. Y si lo que querías era espantar a todos los amigos de Andrea con tu actitud, te aviso que no te va a funcionar. ¿O crees que comprar oportunidades con dinero tiene algún valor?
No pensaba ceder. Para nada.
El rostro de Fabio se tensó, sus ojos se oscurecieron con una sombra peligrosa y parecía que en cualquier momento iba a perder el control.
Mathieu, sin embargo, ni se inmutó. Apenas se tocó la frente con indiferencia, como si todo le importara poco.
—No tienes por qué mirarme así. Yo, aunque sea médico, tengo una hermana con un carácter complicado.
Andrea alzó la ceja al escuchar la mención de la hermana de Mathieu. Sabía bien por dónde iba.
Fabio soltó una carcajada seca.
—¿Me estás amenazando?
—Amenaza sería mucho decir. Ah, y por cierto, tú también tienes una hermana, ¿no? Y la mía fue quien la metió en problemas.
Fabio se quedó en silencio. Lydia también.
El aire se volvió denso, cargado de electricidad.
Fabio miró a Mathieu, con una furia apenas contenida, como si ya estuviera a punto de saltar sobre él.
Andrea se mostró algo confundida, pero asintió. Tomó su bolsa y se dispuso a marcharse con Mathieu.
Ver cómo Mathieu llamaba a Andrea por su nombre una y otra vez, como si fueran viejos conocidos, hizo que la sangre de Fabio hirviera más.
Cuando Andrea pasó junto a él, Fabio la sujetó con fuerza de la muñeca.
—Tenemos que hablar.
—El Dr. Lambert tiene razón. Si tienes algo que reclamar, ve con Isa. Yo no decido en esto.
Fabio apretó justo donde Andrea tenía una herida, haciéndola fruncir el entrecejo de dolor, pero él ni cuenta se dio y solo apretó más.
—Andrea, todo esto sucedió por ti. ¿Ahora me sales con que la responsable es Isa?
—Así es —contestó Andrea, muy seria, con voz tranquila. Esa calma solo enfureció más a Fabio.
Él la miró de frente, con la mirada intensa, como si quisiera atravesarla.
—¿Puedes dejar de hacer dramas, por favor?
Andrea soltó una risa corta, llena de ironía.
—¿Dramas? ¿De verdad piensas que soy tan infantil como para arrastrar a mis amigas a un juego contigo?

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