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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1108

Isabel entendió perfectamente lo que Paulina quería decir.

—¿No me digas que te parece mal aceptar las cosas de Patrick?

—Pues no —replicó Paulina—. Ahora que mi mamá lo está pidiendo, todo eso es lo que él le debe desde hace años.

¿Quién se puede permitir regalarle cinco o diez años de su vida a alguien para que los aproveche a su antojo?

Y Patrick, en su momento, fue el rey de los patanes. Todo lo que hizo para proteger a Delphine... Hasta fue capaz de hacer eso.

Eso sí que fue aprovecharse de una mujer...

De hecho, ni siquiera recuerda si alguna vez pasó algo con su mamá, así que seguro fueron varias las mujeres a las que les hizo lo mismo.

—Está bien que lo veas así —comentó Isabel—. Es una deuda que tiene con tu madre.

—Eso lo tengo claro —afirmó Paulina.

Escuchar eso de Isabel hizo que Paulina firmara los papeles aún más rápido.

¡Aprovecha, exprímelo todo lo que puedas, sin una pizca de remordimiento!

Si Patrick se da cuenta, termina creyendo que no eres su hija y quiere recuperarlo todo... Bueno, otra pelea de locos y ya.

—Por cierto, no puedes faltar a mi boda —le recordó Isabel.

—No te preocupes, ahí estaré —respondió Paulina, segura.

...

Por ahora, la vida de Isabel y Paulina se había estabilizado. Isabel, en especial, no tenía ni una sola preocupación.

Con Esteban a su lado, nadie se atrevía a molestarla. Cualquier problema, incluso los de afuera, él los apagaba de inmediato.

Paulina, en cambio, tenía una sola piedra en el zapato: Patrick seguía encima de ella...

Apenas colgó con Isabel, Patrick apareció.

Vio la montaña de documentos que Paulina estaba firmando y por su cara se le notaba la amargura.

No dijo ni una palabra.

Solo se sentó enfrente de Paulina y empezó a tomar una bebida preparada.

En ese momento, hasta parecía un padre cariñoso de verdad.

—Si tienes algo que decir, dilo de una vez —le soltó Paulina.

Patrick ahora quería pasar tiempo con su hija biológica, pero a Paulina le daba escalofríos.

Porque, sinceramente, confiaba mucho más en su madre que en Patrick.

Y es que Patrick...

Uno nunca sabe, cuando todo esto explote, si va a terminar completamente desquiciado.

—¿Cómo conoció tu madre a Rylan? —preguntó Patrick, con cierto tono triste.

Sí, justo así... como si estuviera triste.

Paulina se quedó con la pluma en el aire.

Se levantó directo a la puerta. Eric estaba justo afuera, y por fin entendía el motivo.

Si Patrick se volvía loco, abría la puerta y dejaba entrar a Eric.

—¿A dónde vas? —preguntó Patrick, perdiendo la compostura.

Al verla buscar ayuda, Patrick ya no pudo ocultar la rabia. Ni siquiera le había dicho nada y ella ya estaba en plan de emergencia.

Paulina ya tenía la mano en la manija.

Al ver la furia de Patrick, volteó y le soltó:

—Otra vez te pusiste mal.

Patrick se quedó callado.

—Lo que necesitas es ir al hospital —añadió Paulina.

—¡No tengo nada! —reviró Patrick.

—Las personas con depresión o algún problema mental nunca reconocen que están enfermas.

—¿Qué estás insinuando...? —preguntó Patrick, apretando los dientes.

—Pues que sospecho que tienes depresión —remató Paulina.

Patrick no supo ni qué responder.

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