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La Heredera: Gambito de Diamantes romance Capítulo 1113

Fabio sentía el corazón a punto de salírsele del pecho de puro coraje.

Sacó el celular y marcó a Andrea, pero en cuanto intentó llamarle, se dio cuenta de que Andrea lo había bloqueado allí mismo, frente a sus narices.

Justo cuando estaba por guardar el celular, entró la llamada de la señora Espinosa.

Fabio contestó al instante:

—¡Madre!

—¿Qué pasó? ¿Pudiste sacar a Lavinia? ¿Cómo está? ¿Qué han hecho con ella?

La noche anterior, después de lo que Andrea le dijo, la señora Espinosa no había pegado ni un ojo.

Ahora sí que lo veía todo claro: Andrea no sentía ni tantito aprecio por la familia Espinosa.

Si de verdad le importara, no habría tratado así a Lavinia...

Fabio respondió, con la voz tensa:

—Por ahora la cosa está complicada.

—¿Complicada? ¡Se la llevaron cuando todavía estaba muy malherida! No importa qué otra cosa haya, primero hay que ver que la atiendan y la curen, ¿no te parece?

En el teléfono, la voz de la señora Espinosa sonaba cada vez más angustiada.

Desde que Lydia le contó que Lavinia había terminado gravemente herida, sus nervios no daban para más.

—Olvídalo, ya estoy en el aeropuerto. Cuando llegue, lo hablamos.

En cuanto Fabio oyó que su madre estaba por llegar, le dolió hasta la cabeza:

—¿Y tú qué vas a hacer aquí?

—¿Y qué quieres que haga? ¿Quedarme sentada mientras mi Lavinia... —La voz de la señora Espinosa se quebró y, de repente, se echó a llorar.

Desde que llegó a Puerto San Rafael, ni comía ni dormía bien, así que decidió que mejor iría hasta Irlanda para ver con sus propios ojos qué rayos estaba pasando.

Además, quería preguntarle a Andrea cara a cara por qué había sido tan dura.

De dientes para afuera, Andrea siempre había dicho que ella y Lavinia se criaron juntas, ¿pero ahora resulta que no le quedaba ni un poquito de cariño?

...

En Irlanda, la nieve no había dejado de caer en los últimos días. Desde lo del accidente en la cueva, Andrea tenía terror al frío.

Incluso con la calefacción del hospital, no soltaba la ropa gruesa.

En la sala de descanso del hospital, Mathieu le aplicaba una pomada para las quemaduras por congelamiento. Esa crema era buenísima: desde que se la pusieron la noche anterior, la hinchazón en el dorso de la mano ya había bajado.

Mathieu le dijo, con tono serio:

—Con esas manos no puedes darte el lujo de lastimarte.

Capítulo 1113 1

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